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martes, 31 de octubre de 2017

EN ESTO PENSAD - noviembre 2017

LA POBREZA DE CRISTO
por Andrew Murray

La pobreza de Cristo fue una de las marcas de Su entera separación del mundo, la prueba de que Él era de otro mundo y otro espíritu. Y así como el pecado entró en el mundo por medio de un fruto bueno para comer y agradable a la vista, así el gran poder de este mundo sobre los hombres está en los cuidados y posesiones y el disfrutar de esta vida. Jesús vino para vencer al mundo y echar de él a su príncipe, para recobrarlo para Dios. Lo consiguió rechazando toda tentación a que aceptara sus dones y buscara su ayuda. De esta protesta contra el espíritu mundanal, sus placeres y su confianza en lo visible, la pobreza de Cristo fue uno de los elementos principales. Cristo venció al mundo primero en las tencaciones por medio de las cuales su príncipe intentaba hacerle caer en una trampa y luego, a través de éste, ejercer su poder sobre nosotros. La pobreza de Cristo no fue, pues, un mero accidente o circunstancia externa. Fue un elemento esencial de Su vida perfecta y santa; un gran secreto de Su poder para vencer y salvar; Su camino a la gloria de Dios.
    Queremos saber cuál es nuestra parte en la pobreza de Cristo, hasta dónde tenemos que seguirle el ejemplo. Estudiemos, pues, lo que enseñó Cristo a Sus discípulos: “Seguidme". "Venid en pos de Mí y Yo os haré pescadores de hombres”. Los llamó para que particaparan con Él en Su vida pobre y sin hogar, en un estado de dependencia en el cuidado de Dios y la bondad de los hombres. Usó expresiones fuertes más de una vez, tales como hay que abandonarlo todo, renunciar a todo, perderlo todo. Y que ellos le entendieron es bien manifiesto, por el hecho que dejaron sus redes y costumbres, y le dijeron a través de Pedro: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”.

Andrew Murray, del capítulo 4 de su libro, El Dinero, CLIE

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El Conflicto Entre Las Riquezas Y La Fe
por William MacDonald

La acumulación de riquezas hace que la vida de fe sea prácticamente imposible. ¿Por qué? Porque es casi imposible tener riquezas y no confiar en ellas. El hombre que tiene dinero no sabe cuánto está dependiendo de él. “Las riquezas del rico son su ciudad fortificada, y como un muro alto en su imaginación” (Pr. 18:11).
    Depende del dinero para resolver todos sus problemas, para darse disfrute presente y seguridad futura. Si lo perdiese todo repentinamente, se quedaría sin apoyo y sin muletas, y en un estado de pánico.
    La verdad es que preferimos confiar en el saldo de una cuenta bancaria que podemos ver, que en un Dios que no podemos ver. El mero pensamiento de no tener a nadie o nada más que a Dios en quien confiar basta para producir un colapso nervioso.
    “Dejados en Sus manos, no creemos estar seguros; mientras que si tuviésemos nuestra fortuna en nuestras propias manos, y estuviésemos asegurados en contra de riesgos y cambios por unos pocos seguros cómodos, nos sentiríamos bastante seguros. Este sentimiento es, sin duda, muy general; todos nosotros estamos en peligro de caer en esta forma de inquieta desconfianza en la providencia paternal de Dios”. —Samuel Cox.
    La voluntad de Dios es que nuestras vidas sean “una crisis perpetua de dependencia en Él”. Cuando nos hacemos tesoros en la tierra, frustramos Su voluntad en nuestras vidas.
    La vida de fe es la única que agrada a Dios; sin fe es imposible agradarle (He. 11:6).
    La vida de fe es la única que tiene verdadera seguridad. “...Es por fe...a fin de que la promesa sea firme” (Ro. 4:16).
    Y porque no hay nada tan seguro como la promesa de Dios, sigue que la vida de fe es una vida libre de preocupaciones. Los altibajos nerviosos y emocionales surgen del materialismo y del egoísmo, no de estar andando con Dios por la fe.
    La vida de fe es la única que da toda la gloria a Dios. Cuando andamos por vista, glorificamos la perspicacia y sabiduría humana.
    La vida de fe habla con poder a los incrédulos y a otros cristianos. Da testimonio a todos de que hay un Dios en el cielo Quien responde la oración.
    La fe es lo contrario de la vista; cuando ves, no puedes confiar. Acumular riqueza hace que la vida de fe sea imposible.
    La vida de fe no sigue automáticamente cuando una persona se convierte. Requiere acción deliberada de su parte. Y esto es verdad especialmente en una sociedad de consumo. El creyente debe colocarse en una posición que le lleva a confiar en Dios. Esto puede hacerlo vendiendo todo lo que tiene y dándolo a los pobres. Sólo cuando se deshaga de sus reservas y otros falsos apoyos podrá verdaderamente lanzarse a la profundidad, como dijo el Señor: “Boga mar adentro...” (Lc. 5:4).
de su libro: ¿Dónde Está Tu Tesoro?
 
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El Dolor No Salvará A Nadie


 
“Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen.  El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar. El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre... El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria” (Ap. 16:2-9).

  
Pensaríamos que semejante sucesión de males traería aun al más infatuado a sus cabales, y que saldría de todo el mundo un gran clamor arrepentido, pidiendo misericordia a Dios. Parece imposible que seres humanos que tienen alma puedan seguir resistiendo ante tales exhibiciones de la ira del Todopoderoso. Pero, no es así, sino que sólo blasfeman el Nombre de Dios, Quien tiene control de estas plagas, y no se arrepienten para darle gloria. Todos ellos se han vendido al infierno, y han recibido el sacramento y sello del mismo en sus cuerpos, así que sólo van a seguir pecando para su propia condenación.
    Muchos están esperando que los tiempos de aflicción y muerte les conduzcan al arrepentimiento y la salvación, pero los que pecan voluntariamente, desperdiciando el día bueno, cuentan en vano con algo en los juicios futuros que ablande y remedie su condición, ya que han despreciado e irritado a Su Hacedor. El sol puede quemarles y sacar todavía más blasfemias de ellos, pero no puede cambiar su corazón obstinado, ni pueden sus quemaduras grabar en estos el temor piadoso y el amor de Dios. El pecado es un cáncer que, si es dejado correr demasiado tiempo, ya no puede ser curado jamás. Así que, los juicios de Dios descenderán como plagas, pero no salvarán a nadie. Sólo sacarán de ellos lo que hay en su corazón, la maldad, y sólo servirán de castigo y de manifestación de la desaprobación y el disgusto divino.

Traducido y adaptado de The Apocalypse (“Apocalipsis”), por J. A. Seiss, pág. 373
 
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¿REALMENTE CREEMOS 
QUE ÉL VIENE PRONTO?

    “Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” (1 Jn. 2:28).
     La fecha de esa venida nos es ocultada. Ningún hombre puede decir cuándo Él vendrá. Vela y estate siempre preparado, para que no seas avergonzado en Su venida. ¿Debe el cristiano entrar en la compañía y las diversiones mundanas? ¿No estaría avergonzado si viniera su Señor y le hallara entre los enemigos de la cruz? No debo ir a donde me daría vergüenza ser hallado cuando venga repentinamente mi Señor”.
     C. H. Spurgeon, 12 Sermons On The Second Coming of Christ (“12 Sermones Sobre La Segunda Venida de Cristo”), Baker Book House, pág. 134.
 
     “La venida inminente de Cristo debe tener un gran efecto práctico en la vida de todo cristiano, y también la iglesia. El hecho de que el glorificado y santo Hijo de Dios podría venir por la puerta del cielo en cualquier momento, debería motivarnos fuerte e incesantemente a vivir en santidad y servirle agresivamente (incluso misiones, evangelización e instrucción bíblica). También debería ser gran remedio para la letargia y apatía. Debería hacer una gran diferencia en los valores, las prioridades y las metas de todo cristiano”.
Renald Showers, págs. 255-6 del libro, Maranatha, Our Lord Come! 
(“Maranata, ¡Ven Señor Nuestro!”)
 
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LOS IMPÍOS DIFUNTOS

“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía” (Apocalipsis 22:11). Esas palabras son un decreto divino. Los religiosos suelen hablar de los "santos difuntos", pero amigo, morir no le hace santo a nadie. Le hace muerto, pero no cambia su condición espiritual.
    Los que eran impíos en la vida, lo serán también en la muerte.  Eso sí, que ya no serán ateos ni agnósticos en la ultratumba, porque todos, grandes y pequeños, verán a Dios (Apocalipsis 20:11-15).  Entonces será tarde para salvarse. En la muerte pasarán el punto de no retorno. Los que mueran incrédulos, inconversos,  así serán por toda la eternidad.  Jesucristo advirtió: “En vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir” (Juan 8:21).  Esta vida es la única oportunidad que tenemos para arrepentirnos, creer en Jesucristo y ser salvos. “Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). Serán pecadores, pero no ateos, porque comparecerán ante el gran trono blanco de Dios (Apocalipsis 20:11-15). Pero si eran necios en la vida, lo serán en la muerte, porque morirán en su pecado. Morir no absuelve a nadie de sus pecados. La muerte física pone fin a las oportunidades para ser perdonado y convertido por Dios, y traslada a la persona a la cámara de detención, el Hades (no el purgaturio porque no existe), donde en tormentos se acordará de sus pecados y de las oportunidades perdidas: “Hijo, acuérdate” (Lucas 16:25). Aunque sus familiares y amigos digan: “está con Dios” o “ahora descansa” o “ya no sufre”, la realidad es otra: “en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos” (Lucas 16:23).
    Los sacerdotes recogen dinero y dicen misas por los difuntos, hablando dulcemente de ellos e invocando la misericordia de Dios, pero es falsa esperanza. La misericordia se obtiene durante la vida, al arrepentirse y creer el evangelio. El dinero, las oraciones y los ritos sacramentales no los sacarán del Hades, porque es el lugar terrible de detención de los condenados. “El que es injusto, sea injusto todavía”.
    Amigo, ¿quieres ser salvo, tener perdón y vida eterna? Hay una muerte que vale para hacerte santo, es la del Señor Jesucristo cuando Él murió llevando tus pecados en Su cuerpo sobre el madero. Resucitó y vive para siempre. Te perdonará, te salvará y te cambiará si arrepentido confías en Él.  Pero no pierdas más tiempo. Ahora es tu única oportunidad. Si mueres impío, injusto, inmundo, lo serás por toda la eternidad.
 
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LA PEREZA

 
 
 
"El alma del perezoso desea, y nada alcanza; Mas el alma de los diligentes será prosperada".  Proverbios 13:4 
Pablo escribió a los corintios: "Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano" (1 Co. 15:58). Las palabras "vuestro trabajo" indican que nadie en el pueblo de Dios debe ser perezoso. Vivimos en  tiempos de diversión y ocio, de mucho hablar, o cantar, y poco hacer. Dios busca a personas esforzadas, trabajadoras y obedientes. "Sed hacedores de la Palabra" es el mandamiento, y un hacedor no puede ser perezoso. No es necesario estar dotado de gran inteligencia, talento o recursos. Simplemente necesitamos ser obedientes para que Dios pueda mostrar Su poder a través de nosotros. Para la mayoría de las personas, el enemigo de la obediencia no es tanto la rebelión deliberada, sino la pereza, la indolencia que paraliza. Paraliza astutamente, porque normalmente los perezosos no reconocen los síntomas y creen que todo está bien.
    La persona perezosa oye la Palabra de Dios, pero nada más. No le falta información, sino acción. Después de oír, o leer, se da media vuelta. No busca al Señor con todo su corazón, ni examina diligentemente su vida, ni graba consistentemente la Palabra en su alma, ni comparte de una manera seria la verdad con otros. Al contrario, olvida "cómo era”, engañándose de esta manera a sí mismo (véase Stg. 1:22-24).
    Detectemos y conquistemos cada síntoma de pereza en nuestras vidas, familias e iglesias; porque cuando recuperemos todas las responsabilidades que Dios nos ha dado, entonces podremos ser obreros que no tienen de qué avergonzarse. Seremos útiles para servir, para levantar el estandarte de la verdad de Dios en estos tiempos de gran necesidad.

Siete Síntomas Que Manifiesta La Persona Perezosa

1. No se considera perezosa
    La pereza puede manifestarse paulatinamente y sin anunciarse. Cuesta reconocerla, porque pocos se proponen la meta de ser perezosos. Además, a los ojos del perezoso, su condición le parece completamente normal y lógica. Así, la persona perezosa no suele aceptar que se le clasifique como tal.
    Te asegurará que estaría muy deseoso de trabajar si hubiera menos obstáculos en su camino. Es que le falta fuerza, o le duele el cuerpo, o no encuentra condiciones favorables [léase "ideales"] de trabajo. Mientras tanto, piensa en las razones por las que no puede trabajar. A veces tiene proyectos que ya debería haber terminado, pero todavía está "esperando" comenzarlos.
    Entre esas razones incluirá que el mucho trabajar perjudica la salud, o que hay una manera más fácil de hacer las cosas y que está listo si sólo la encuentra. Se recuerda a sí mismo a menudo de los peligros de la sobrecarga y de la posibilidad de "embotar" su estilo de vida por hacer labores innecesarias. Tal persona es muy rápida en exponer sus excusas a cualquiera que le pregunte por qué no estaba trabajando en ese momento. "En su propia opinión el perezoso es más sabio que siete que sepan aconsejar" (Pr. 26:16).

2. Toma pequeñas y cómodas decisiones en la vida
    La pereza suele desarrollarse gradualmente. Esto les sucede a personas normales que comienzan a rendirse poco a poco ante las dificultades cotidianas. O tal vez se cansan de hacer bien (Gá. 6:9).
    Estas pequeñas rendiciones parecen totalmente inofensivas,  quedarse en la cama sólo unos minutos más, descansar un poquito más durante el día, esperar unos cuantos minutos para empezar un proyecto, o emplear un poco más de tiempo charlando ociosamente. "Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado" (Pr. 6:10 y 11).
    Esos pequeños fallos diarios vienen porque toman decisiones cómodas en la vida. Buscan la senda más fácil, de menos resistencia. Se niegan a trabajar en condiciones adversas, porque no quieren perjudicar su salud. Se disculpan y dejan a otros hacer el trabajo. "El perezoso no ara a causa del invierno; pedirá, pues, en la siega, y no hallará" (Pr. 20:4).
    Muy pronto esas pequeñas decisiones cuidadosamente razonadas, se convierten en un hábito de por vida. "La pereza hace caer en profundo sueño, y el alma negligente padecerá hambre" (Pr. 19:15).

3. No valora el tiempo ni las oportunidades
    El perezoso no es conocido por su iniciativa. Para él un día es tan bueno como otro. "Mañana" y "no hay prisas" son sus lemas. Lo que no hace hoy, puede hacerlo mañana fácilmente, o tal vez si espera, otro hará el trabajo y él se librará.
    El perezoso no comprende el valor del tiempo ni aprovecha las oportunidades. Desperdicia el tiempo, y desaprovecha las oportunidades. Su filosofía básica es vivir para el momento presente, no preocuparse, y dejar que el futuro siga su curso.
    La persona perezosa no considera que un día tendrá que dar cuentas a Dios por la manera en que ha usado su tiempo. Ve la caída de la noche como una razón justificable para dormir, no para examinar lo que ha hecho y ganado durante ese día.
    Considera el invierno como un intruso en su vida, no como una época en la cual puede disfrutar del fruto de sus labores durante el verano. No considera que si no siembra no podrá cosechar. Además, el perezoso pierde la libertad de tomar sus propias decisiones, y se convierte en esclavo del diligente, que por su industria le conservará la vida. "La mano de los diligentes señoreará; mas la negligencia será tributaria" (Pr. 12:24).

4. No termina sus tareas
    Una persona perezosa es letárgica en todo lo que hace. Cada trabajo se le presenta como una gran montaña, no como una puerta de oportunidad. Suele decir cosas como: "no puedo", o "cuán difícil" o "es imposible". Si bien logra comenzar un trabajo, le cuesta perseverar y terminarlo.
    Si por casualidad alguna vez tiene éxito en algo, no lo reconoce ni lo valora, porque lo único que esto le significa es más trabajo. De esa manera, deja pasar de largo las oportunidades y permite que los trabajos a medio hacer echen a perderse. "El indolente ni aun asará lo que ha cazado; pero haber precioso del hombre es la diligencia" (Pr. 12:27).
    Aun las reparaciones y el mantenimiento de sus propias cosas le resulta pesado. "Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa" (Ecl. 10:18). "Pasé junto al campo del hombre perezoso...y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían cubierto ya su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida" (Pr. 24:30-31).

5. Vive en un mundo de sueños
    Aun cuando no duerme, la persona perezosa sueña – desea hacer y desea tener cosas, pero sólo son sueños. Y sueña que otros vengan a hacer por él o a darle las cosas que quiere. La tensión entre su mente cansada y su cuerpo inactivo produce grandes frustraciones. "El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar. Hay quien todo el día codicia..." (Pr. 21:25-26). Muchos de sus deseos se ocupan de placeres sensuales. "El perezoso mete su mano en el plato, y ni aun a su boca la llevará" (Pr. 19:24). "Como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama" (Pr. 26:14).

6. Trae penosos perjuicios a sus compañeros y patrones
    Un empleado perezoso no sólo es improductivo, sino destructivo. Su presencia en el trabajo es peor que su ausencia. Su falta de iniciativa y constancia incomoda y frustra a los que cuentan con él. "También el que es negligente en su trabajo es hermano del hombre disipador" (Pr. 18:9).
    Quizás en lugar de despedirle, su patrón intente adaptarse al problema, transfiriéndole a posiciones menos estratégicas. Pero el problema está en él, no en el trabajo. Se queja de que el patrón espera demasiado o es impaciente, y no reconoce su pereza. "Como el vinagre a los dientes, y como el humo a los ojos, así es el perezoso a los que lo envían" (Pr. 10:26).

7. Es manipulado por temores autoprovocados
    La pereza conduce a temores, que son reforzados por más pereza. Esos temores se basan en que el perezoso es realista. Sabe que necesita algo para alimentarse. Pero en vez de buscar la comida, anuncia su necesidad a los demás y espera que le den algo. Espera ser servido y teme la escasez porque no lleva intencicón de afrontar su situación y trabajar. "Dice el perezoso: El león está fuera; seré muerto en la calle" (Pr. 22:13). Como una manera de escapar de sus temores, el perezoso recurre al descanso que estima imprescindible: duerme más.
 
continuará, d.v.


 
 
 
 
 

sábado, 30 de septiembre de 2017

EN ESTO PENSAD -- octubre 2017

En Las Manos De Dios

¿Para qué son las manos? El diccionario define su función como un instrumento empleado para agarrar o tomar las cosas, así como un símbolo de autoridad, poder y control. El mundo ha hecho muchas frases que expresan numerosos sentidos asignados a esta palabra: manos libres, segunda mano, muchas manos hacen el trabajo ligero, fuera de mano, tener a mano, cambiar manos, etc. Las manos también significan consuelo, aprobación y ayuda.
    El Espíritu Santo, al escribir la Palabra de Dios, seleccionó la palabra “manos” para describir el carácter de Dios en el cuidado de Sus hijos queridos. Literalmente cientos de versículos retratan las manos de Dios como instrumentos de Su poder, protección, provisión, sanidad, dirección y consuelo.
    La nación de Israel temía que Dios se había olvidado de ella y de la ciudad de Sion. Pero el Señor contestó y dijo a Sión: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros” (Is. 49:15-16).
    El mismo Salvador que lleva las marcas del Calvario en Sus manos,  mostró esta evidencia a Tomás cuando dudaba, invitándole así: “mira mis manos”. Él lleva como si fuera un cuadro, un retrato en pequeño, de nosotros grabado en Sus manos. ¡Qué amor! ¡Qué seguridad! Ciertamente el poder de Dios para guardar a Sus hijos diariamente es tan seguro como Su poder para salvarnos.
    Job, en medio de todas sus pruebas de cuerpo, alma y espíritu clamaba: “la mano de Dios me ha tocado”. Aunque no entendía bien la procedencia de sus pruebas, sabía con certeza que a fin de cuentas todas las facetas de su vida estaban en las manos de Dios, que su Redentor vive y que Él es inmutable.
    El gran apóstol San Juan poseía esta misma confianza y la mostraba al escribir: “Porque estamos en las manos de Dios; Él está por encima y es mayor que nuestros corazones, y Él sabe todas las cosas” (1 Jn. 3:20, Amplified Bible, “la Biblia Ampliada en Paráfrasis”).
    Aquellas manos benditas que estaban tan activas durante Su ministerio terrenal, sanando a los enfermos, dando la vista a los ciegos, restaurando a los cojos, alimentando a las multitudes, y llamando a sí mismo a los niños; hoy estas manos están todavía extendidas a ti. Su toque es tan consolador hoy como lo fue en aquel entonces.
    Querido hijo de Dios, sean cuales sean las circunstancias de la vida que te robarían la paz interior y el gozo que Cristo tanto desea darte, descansa en la misma presencia de Dios. “No temas; (no hay nada que temer) porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Is. 41:10). ¡No temas, ni dudes, ni te desanimes!

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 La Música

El Nuevo Testamento guarda silencio respecto a la música, pero habla mucho del canto. El canto de 1 Corintios 14 estaba acompañado del espíritu y el entendimiento, 14:15. Este hubiera sido el pasaje donde exponer enseñanza acerca de los instrumentos musicales, pero no se hace mención de tal cosa. En Efesios 5:19 y Colosenses 3:16 dos elementos adicionales acompañan el canto; son la alabanza y la gracia en el corazón, respectivamente. Aun una traducción en Efesios de “haciendo música” no ayuda a quienes abogan por el uso de instrumentos musicales en la congregación, ya que se hace en el corazón y es consecuencia de estar llenos del Espíritu Santo.
    Aun cuando el ministerio de la música ocupa un lugar muy prominente en muchas congregaciones que profesan ser guiadas tan sólo por las Escrituras, no hay en el Nuevo Testamento una sola línea de instrucción sobre la materia. Hebreos 9:1 al 22 enseña que, junto con los sacrificios de animales, altares, vestimentas, incienso, oro, plata y piedras preciosas, las trompetas de plata, los cuernos de carnero, los címbalos y las arpas del Antiguo Testamento eran tan sólo sombras que encontraron su cumplimiento al venir Cristo, y se retiraron.
    Una asamblea es un templo de Dios, pero no es el atrio exterior donde se utilizaban los instrumentos musicales. Es el santuario interior, donde nunca se admitía  instrumentos musicales, aun en los días del Antiguo Testamento.Muchos tipos de instrumentos musicales están asociados con Babilonia, Apocalipsis 18:22.                                            
 de Verdades Eclesiales, por Norman Crawford 

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  Las Cartas De Recomendación  (II)

(viene del número anterior)
¿Siempre Necsitamos Una Carta?

 
   Hemos intentado mostrar el valor de tales cartas, pero cuando se trata de una recomendación temporal, puede haber casos en que debemos ser flexibles. Por ejemplo, si visito una asamblea la semana que viene, llevando carta, y tres o cuatro semanas más tarde voy nuevamente, no necesitaría una segunda carta. Sin embargo, si voy un año más tarde, consideraría correcto llevar otra carta porque trascurrido ese tiempo, podrían haber cambios en mis circunstancias. Por otra parte, si una asamblea me invita a visitar para ministrar la Palabra, ¿qué sentido tiene que demanden carta cuando llegue? ¡Debían haber verificado mi condición espiritual antes de invitarme a predicar! Siempre es sabio hacer eso aunque uno esté en un libro o lista de obreros, porque la asamblea debe conocer su testimonio, doctrina y práctica antes de invitarle a enseñar la Palabra.
    También puede darse el caso de un hermano que llegue desprovisto de carta porque salió en una situación de emergencia y no dio tiempo para pedirla, por ejemplo, para visitar a un pariente enfermo. En tal caso no sería bueno tomar una posición rígida y demandar carta, sino obrar por gracia y comprender las circunstancias. Y si alguien en la asamblea le conoce, no hay por qué excluirle de la comunión. Siempre se puede llamar o escribir luego a su asamblea para confirmar la situación.
    Otro es el caso de la persona desconocida que no trae carta, por descuido, o porque su iglesia no practica el uso de cartas de recomendación. Tales personas no deberían causar preocupación de parte de los responsables de la protección de la asamblea. Sería correcto observar sin participar en la reunión.
  
¿Siempre Debemos Aceptar La Carta Al Pie De La Letra?

    Debemos aceptar la carta de recomendación, tal como viene, a menos que alguien en la asamblea manifiesta que hay problemas morales o doctrinales (con pruebas, no rumores). Dicho esto, los tiempos en que vivimos demandan mayor vigilancia y discernimiento. Algunas asambleas se han relajado en doctrina y moralidad. Para evitar problemas, algunas iglesias al recibir una carta de alguien que viene para quedarse, informan que aceptarán inicialmente la carta, pero que los ancianos desean visitarles en su hogar para conocerles mejor. Esa práctica puede esclarecer las cosas y evitar muchos problemas. Si no hacemos esto, podríamos sin saberlo recibir a la comunión de la iglesia a alguien que tiene errores doctrinales.
    Esto puede parecerse legal o duro, pero debemos recordar que los ancianos en la asamblea receptora tienen una responsabilidad delante del Señor respecto a los hermanos que pastorean. Si por pena, timidez o pereza no ejercen esa responsabilidad, desagradarán al Señor y ariesgan la salud espiritual de sus hermanos en Cristo. A fin de cuentas, los que recibimos entran en todos los privilegios de la comunión de la asamblea. La recepción no es a la Cena del Señor, sino a la asamblea. Y al recibir a un hermano varón, él tendrá oportunidad para hablar en las reuniones. ¡Debemos ser sabios al otorgar tales privilegios!

¿Cuándo Deben Leerse Las Cartas De Recomendación?
  
    Para empezar, comentamos que no tiene sentido que una asamblea escriba una carta y luego la asamblea receptora ni se molesta en leerla públicamente. Hay iglesias que hacen alarde de su comunión abierta, diciendo: “no necesitamos ver tu carta”.  Eso no sólo es incorrecto sino también desconsiderado y potencialmente dañino.
    En respuesta a la pregunta, sería bueno leer su carta en la primera reunión a la que asiste el que la trae, sea la reunión de oración, de ministerio o la Cena del Señor. La mayoría de la gente diría: “leela en la Cena del Señor” porque es lo que solemos hacer, es la práctica en muchos lugares, por tradición. ¿Por qué piensan así? ¡Porque francamente consideran la carta de recomendación como un “pasaporte” para partir el pan! Esto no es correcto, porque no podemos ser recibidos a una ordenanza. Por eso, ya que la carta recomienda a un individuo a la comunión de la asamblea, puede leerse en cualquiera de las reuniones.
 
traducido y adaptado del artículo “Letters of Commendation” en la revista Precious Seed, 
febrero 2017

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"El ministerio de la oración ha sido la distinción peculiar de todos los santos de Dios. 
Este ha sido el secreto de su poder, la energía,
el alma de su obra: el aposento de oración". 
E. M. Bounds

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EL LIBRO DEL MES 
 
 ¿QUÉ DE LA NAVIDAD? vv.aa.
Se celebra la navidad en casi todas partes del mundo, en más de 160 países. Es una tradición familiar llena de sentimentalismo. También es el tiempo de más comercio en todo el año. Pero ¿conoces sus orígenes? ¿Realmente es algo bíblico, cristiano? ¿Te atreves a investigar y saber la verdad, o valoras más tus tradiciones?   
                                             precio: 4,00 euros


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"Quien le sirve a Dios por dinero, 
es capaz de servirle al diablo por un mejor salario". 
C. H. Spurgeon

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¡ALERTA MÁXIMA!

Las autoridades suben y bajan los niveles de seguridad según las posibles amenazas de ataques según sus fuentes de información. Las naciones se preocupan por el terrorismo, ataques, invasiones, pero no por lo peor. Tenemos información fiable de algo terrible que viene, está a punto de caer sobre el mundo. Lo nunca visto. ¡Pero no se preparan!
    Romanos 1:18 advierte:  "La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad".  La impiedad e injusticia de las personas provocan la ira de Dios, y viene pronto. ¡Alerta Máxima! ¡Condición Crítica!
    2 Tesalonicenses 1:7-8 confirma que sucederá "cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder,  en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo".  Ningún ejército ni policía le detendrá. Llamas de fuego caerán sobre los incrédulos que desobedecen al evangelio. El evangelio es un mensaje de buenas nuevas que ofrece al pecador perdón, vida y comunión con Dios. La condición es: "arrepentíos y creed en el evangelio". Así demanda Jesucristo. Dios ha sido paciente, dando tiempo, pero ahora "manda a todos... en todo lugar, que se arrepientan" (Hechos 17:30).
    Si no se arrepienten de sus pecados, si no creen en el Señor Jesucristo, serán destruidos sin remedio. Reyes, grandes, ricos, capitanes, poderosos, siervos y libres gritarán a los montes y a las peñas: "Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;  porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?" (Apocalipsis 6:16-17). Amigo, no te librará tu gobierno, ejército, dinero o religión. El único que puede es el Señor Jesucristo,  que murió en la cruz sufriendo la ira de Dios por ti, por tus pecados. Confía en Él y serás salvo. A nosotros los creyentes Él "nos libra de la ira venidera" (1 Tesalonicenses 1:10). ¡Alerta máxima! La ira de Dios se revela. ¡Arrepiéntete y cree, o perecerás! 

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Las Riendas Del Corazón Y El Espíritu

Proverbios
4:23 “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.
22:17 “...aplica tu corazón a mi sabiduría”.
23:12 “Aplica tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras de sabiduría”.
23:17 “No tenga tu corazón envidia de los pecadores”.
23:19 “Oye, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al camino”.
23:26 “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”.
25:28 "Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda".
29:11  "El necio da rienda suelta a toda su ira"

    Estos textos sólo son una breve selección representativa de los versículos que hablan de nuestro corazón y espíritu. Sabemos que al decir: “corazón” no se trata del músculo en el pecho que bombea nuestra sangre, sino la figura que la Biblia usa para hablar de esa parte de nosotros con que pensamos, razonamos, sentimos y decidimos. Es la ciudadela de nuestro ser. Es la central de nuestra voluntad. No nos debe extrañar que el Señor quiera esto de nosotros, porque cuando lo tiene, tiene todo. Hay un refrán que dice: es más fácil vencer que convencer. Convencer tiene que ver con el corazón, y esto es lo que Dios quiere.
    Recordemos que en el Nuevo Testamento el Señor Jesucristo citó Isaías 29:13 para denunciar la hipocresía, la religión superficial del profesado pueblo de Dios: “Este pueblo... con sus labios me honra; pero su corazón está lejos de mí”. Todo Israel se congregaba en las “conferencias” anuales en Jerusalén. Pero Dios veía, y todavía ve detrás de la fachada, debajo de la superficie. ¿Y le gusta lo que ve? Como con Israel, Dios ve si nosotros hacemos las cosas de corazón o solamente por cumplir, por obligación, etc. El Altísimo nunca se ha conformado con cuatro cánticos bonitos, congregaciones grandes, ceremonias impresionantes, etc. Con Dios, lo mínimo es TODO, es nuestro corazón. En Deuteronomio 6:5 Dios manda: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. ¿Ves lo que Dios pide? TODO EL CORAZÓN. Me pregunto, y también al amigo lector, porque es importante. Sería bueno usar ese tipo de  pregunta para examinarnos delante del Señor. La pregunta es: “¿A Dios realmente le doy todo, o tengo algo reservado para mí, para otra persona, o para otra cosa?”
    El apóstol Pablo enseña: “...con el corazón se cree para justicia”. Nuestro corazón tiene la capacidad de creer a Dios, si así nosotros lo disponemos. La decisión es nuestra, no hay que esperarle a Dios, porque Él nos espera a nosotros. Él se revela en Su Palabra, nos ilumina con ella, por medio de Su Espíritu, nos  convence y nos llama. Pero no nos obliga, aunque seremos responsables por lo que decidimos, y se juega la eternidad, la decisión es nuestra si queremos creer y seguir al Señor o no. También la Palabra de Dios dice: “Jehová mira el corazón” (1 S. 16:7). Lo mira, lo conoce (Sal. 139:23), y lo quiere, pero no lo toma por fuerza, porque es nuestro para dar. Y esto es algo que debemos considerar y tener en cuenta, que nuestro corazón tiene riendas, y ellas están en nuestras manos.
    ¿Sabes algo? Que nuestro estado de humor, nuestros amores y atracciones, nuestras opiniones y deseos, nuestras impresiones y emociones, nuestras ganas y desganas, nuestro nivel de entrega y de compromiso con el Señor, y mucho más, TODO tiene control, tiene riendas. Todo esto obra en nuestro poder. No somos víctimas, ni marionetas, a menos que nos dejemos serlo. No somos fichas en un juego cósmico de ajedrez, sino seres responsables ante Dios. No somos como barcos de velas esperando que algún viento favorable sople sobre nosotros. ¡Que triste es ver a algunos creyentes pasar toda su vida esperando pasivamente  coas buenas en sus vidas, pero no esforzándose para Dios. Han soltado las riendas y allí penden sueltas. No debe ser así. ¡Despierta y toma tu responsabilidad! Deja de vagar, de suspirar y decir que no puedes hacer nada. Escucha y cree la Palabra de Dios.
    Es Dios quien dice: “Guarda tu corazón”, y lo dice a nosotros. ¿Lo haces? ¿Guardas tu corazón? Explica cómo – a ver si puedes detallar qué haces para guardar tu corazón. Y cuando Dios dice: “Aplica tu corazón”, es el lenguaje de la responsabilidad humana. Entonces cada uno pregúntese: "¿Haces esto; aplicas tu corazón, o lo dejas andar sin dirección? ¿Controlas tus pensamientos, o dejas que te controlan a ti?" No hay que pedirle a Dios que Él aplique nuestro corazón, porque eso es nuestra responsabilidad. Las riendas obran en nuestro poder. Vamos a considerar unas aplicaciones personales de este concepto de las riendas del corazón.
    “Endereza tu corazón”, se nos dice, porque no le toca a Dios sino a nosotros. ¿Enderezas tu corazón con la Palabra de Dios, o tratas de enderezar la Palabra de Dios con tu corazón?  Y de nuevo: “Purificad vuestros corazones” (Stg. 4:8) es una exhortación dirigida a nosotros. ¿Cuándo fue la última vez que purificaste tu corazón? No se trata de orar diciendo: “oh Dios, puríficame”, porque en este caso Él nos dice que lo hagamos nosotros. Se trata de echar fuera lo que no debe estar ahí, lo que no es digno del templo de Dios. El Señor purificó el templo, y Sus seguidores debemos tomar ejemplo y hacer lo mismo con el templo de Dios que es nuestro cuerpo (1 Co. 6:19). ¡Qué triste que muchos lavan y cuidan su ropa, su cara, su casa o su coche más que su corazón!  ¿Controlas lo que entra, el contenido, o tiras las puertas abiertas de par en par y sin portero? He aquí un trabajo importante, porque: “De la abundancia del corazón habla la boca”.  El Señor Jesucristo afirma esto en Mateo 12:34. La razón por la que algunas personas siempre hablan mal es porque piensan mal en su corazón. Abren su boca, y lo que está dentro sale (Mr. 7:20-23). El problema no es que no sepan que a Dios no agrada su forma de hablar, siempre bromeando, chismeando, criticando, o murmurando. El problema es que no juzgan ni echan estas cosas de su corazón. Y así será contigo y conmigo si no actuamos. Si no purificamos el corazón de curiosidad, envidia, codicia, rencor, enemistad, prejuicios, acepción de personas, favoritismo, egoísmo, entonces estas cosas siempre saldrán de nuestros labios, y en nuestros hechos. Así que, personalizando esto, tú eres quien tiene que limpiar tu corazón. No justifiques la presencia de nada malo allí. No digas: “Oh, no puedo hacer nada, no puedo cambiar, porque yo soy así. Siempre he sido así y no puedo cambiar”. Amigo, ciertamente Dios sabe lo que eres y cómo eres por naturaleza, sin embargo Él te llama a purificar tu corazón, no a pedirle que Él lo haga, sino que lo hagas tú. Por ejemplo, a veces el fin de un conflicto entre personas es cuando el conflicto es echado de sus corazones. O la victoria sobre una tentación o un pecado que surge una y otra vez, es cuando lo eches de tu corazón, dejes de amarlo secretamente en tu corazón, dejes de darlo cobijo allí. Digamos que tú eres el propietario, no el huésped, y aunque no decides quien llama a la puerta, sí que decides quien entra y quien se aloja allí.
    Cuando el salmista dice: “Mi corazón está dispuesto, oh Dios” (Sal. 108:1), es porque él, como creyente y adorador, lo dispone así. La única alabanza que el Señor quiere es la que viene de todo nuestro corazón (Sal. 9:1). Todos tenemos el corazón dispuesto para algo, y este “algo” afecta lo que somos, nuestro carácter y hechos. El mundo quiere formar, aconsejar y controlar nuestro corazón, porque el príncipe de este mundo sabe que ahí está la clave. ¿Para que dispones tu corazón? La respuesta está en tus hechos, tus actividades, palabras y pensamientos: ¿cómo gastas el tiempo, en qué cosas escoges pensar, de qué hablas, y de qué se ocupan tus ojos, manos y pies? Allí está la respuesta acerca de la disposición de tu corazón. Realmente no es ningún misterio.
    Querido hermano o hermana en el Señor, cuánta falta nos hace aprender esta lección, y  aplicarla diariamente: ¡nuestro corazón tiene riendas! Uno de los grandes pasos de crecimiento en la vida cristiana es cuando dejemos de vernos como víctimas o fichas movidas por otros, aceptando lo malo o lo inferior en nuestra vida como si no tuviéramos responsabilidad (razonando así: “quizá el Señor lo quiere así”). Hay que aplicar la exhortación: “levántate y manos a la obra”. Toma las riendas de tu corazón, y deja de considerarte un mero pasajero. Ejerce tu voluntad a favor de Dios, dispónte, enderézate, aplica e inclina tu corazón a Dios y Sus caminos. No le esperes a Él, porque Él te espera a ti. Las riendas están en tus manos, la decisión es tuya, y tuya la responsabilidad.
Carlos

 


jueves, 31 de agosto de 2017

EN ESTO PENSAD -- septiembre 2017

Las Cartas de Recomendación
por Alan Maunder, Cardiff, Gales, Reino Unido

Textos: Hch. 18:24-28; Romanos 16:1-2;
              2 Corintios 3:1-3
Está claro en los textos citados que la práctica de la iglesia apostólica era proveer de cartas de recomendación a los que se trasladaron permanentemente de un lugar a otro, o cuando visitaron temporalmente. Considero que en Hechos 18 Apolos deseaba residir en la región de Acaya durante un tiempo, y por eso los hermanos escribieron una carta recomendándole a los creyentes de esa zona. En Romanos 16, parece que Febe sólo estuvo de visita de Cencrea a Roma, y su carta era temporal. Lo mismo se aplicaría a lo que Pablo dijo en 2 Corintios 3, ya que él sólo estuvo visitando durante un tiempo. No obstante, vemos que las cartas de recomendación fueron empleadas para circunstancias permanentes y temporales.

¿Son Necesarias Esas Cartas?
    Ya que se hallan en las Escrituras como práctica de la iglesia primitiva, es apropiado que hoy también se empleen. De lo que Pablo escribe en 2 Corintios 3:1-2, vemos que reconocía el principio – los que visitaban en Corinto necesitaban traer consigo una carta de recomendación. Pero porque Pablo había sido usado por Dios para dar comienzo a la asamblea en Corinto, él no requería una carta para ellos.

¿Quién Hace La Recomendación?
 
    En circunstancias normales, la respuesta es: “la asamblea” a la que pertenece la persona. No son los ancianos que encomiendan, sino la asamblea o iglesia local. Normalmente los ancianos escriben y firman la carta, pero lo hacen de parte de toda la asamblea, y eso suele expresarse al final de la carta. Observamos que en Hechos 18 no eran Aquila y Priscila quienes encomendaron a Apolo, sino los hermanos que escribieron exhortando a los discípulos a recibirle (v. 27). Sería una práctica sabia que los ancianos responsables escribiesen la carta y que al menos dos de ellos firmasen de parte de la asamblea. Si la encomendación es permanente, deben hacerlo saber a la asamblea. El principio operativo siempre es: “hágase todo decentemente y con orden” (1 Co. 14:40).    
    También hay veces cuando un individuo recomienda a otro. Por ejemplo, vemos eso cuando Pablo escribió en Romanos 16:1, “Os recomiendo además nuestra hermana Febe...” Debe decirse que él tenía autoridad apostólica, y hoy nadie tiene esa autoridad. Sin embargo, vemos otro caso de un individuo hablando para recomendar a otro que deseaba ser recibido a la comunión – Saulo de Tarsis en Hechos 9 – “trataba de juntarse con los discípulos” (v. 26). Claramente la asamblea no estaba dispuesta a recibirle basado en su propia recomendación, pero Bernabé intervino a favor suyo, conociendo su caso, y les contó cómo se había convertido. Si por alguna razón no ha sido posible tener una carta, no debe haber por qué un hermano de confianza no puede avalar al que busca la comunión, siempre que conozca a la persona en cuestión.
   
¿Qué Información Debe Aportar La Carta?
 
    De Romanos 16 es evidente que la carta para Febe era especial. Pablo menciona cosas acerca de ella que no se aplicarían siempre a otros. El ejemplo que vemos en las Escrituras es que cada carta debe recomendar a la persona de manera personal, y mencionar algo de su experiencia espiritual y servicio. Semejante carta daría confianza a la asamblea receptora para que le brindara toda oportunidad para servir y ejercer su don.
    Una carta de recomendación también es una oportunidad para enviar los saludos de la asamblea a los hermanos en otro lugar. Es aconsejable poner fecha a tales cartas, para evitar abusos.                 
(continuará en el siguiente número)

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EL FIEL AMOR DEL SEÑOR

"¡Cuán dulce es conocer el amor del Salvador cuando nadie nos ama! ¡Cuando los amigos huyen, qué bendita cosa es ver que el Salvador no nos abandona y que, además, nos mantiene y nos sostiene con firmeza y se aferra a nosotros y no nos suelta!"
C. H. Spurgeon
 
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No Te Metas En La Política

Carta de John Newton, compusor del himno "Sublime Gracia", a un amigo que expresó interés en la política:
Apreciado amigo,
      Permíteme decir que oír que un ministro cristiano como usted piensa que merece la pena intentar reformas politicas, me ha causado asombro y preocupación. Cuando veo alrededor mío el estado de la nación, semejante intento me parece nada menos que vano y necio,¡como sería pintar la cabina mientras se hunde el barco!
         Cuando nuestro Señor Jesús estuvo sobre la tierra, Él rehusó meterse en disputas o la política: “¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” (Lc. 12:14). “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Jn. 18:36). Los hijos de Dios pertenecen a un reino que no es de este mundo; son extranjeros y peregrinos sobre la tierra, y parte de su carácter bíblico es que son “los mansos de la tierra” (Sal. 35:20).
          ¡Satanás tiene muchos artilugios e inventos para divertir y ocupar a la gente, para ocultar de sus pensamientos el verdadero peligro en que están!
         Mi apreciado señor, mi oración a Dios por usted es – que Él le induzca a emplear los talentos que le ha dado para señalar al pecado como la gran causa y origen de todo mal que existe, y para motivar a los que le aman a suspirar y llorar por nuestras abundantes abominaciones, en lugar de malgastar el tiempo en especulaciones políticas por las cuales pocos de ellos son competentes. Anímeles a ponerse en la brecha orando que pueda ser detenida la ira de Dios y prolongada Su misericordia a nuestra nación. Esto, creo yo, es el patriotismo verdadero – la mejor manera en que los ciudadanos privados pueden servir a su patria”.

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 El Anciano Modelo
 
En 1 Pedro 5:1, Pedro se llama “anciano”, no “Papa”. “Anciano” no es en el sentido de haber sido “ordenado”, porque el Señor Jesús le ordenó ser apóstol y esto fue mucho más que anciano. Pero era anciano en otro sentido; un creyente viejo, porque eso fue aproximadamente treinta años después de que el Señor Jesús le llamó a dejar su barca y redes. Dice a los otros ancianos: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros”. ¡Qué hermoso es ver a los ancianos en medio de la grey, y la grey en medio de ellos. No tienen señorío sobre la herencia de Dios, sino como pastores y trabajadores, apacientan y guían este rebaño en el cual Dios les ha puesto, porque lo aman y aman a su Dueño.
    El Señor dijo a Pedro: “¿Me amas?... pastorea mis ovejas”. El rebaño es de Cristo, no de los ancianos. Él lo compró con Su sangre, y no lo ha dado a otros. Los que le sirven en Su rebaño deben obedecerle y hacer bien el trabajo. Deben hablar de Él, Sus virtudes y la importancia de seguirle.
    ¿Qué recompensa hay para tal servicio? En este mundo, quizá ninguno, a veces ni el reconocimiento y la estimación que el Señor manda. Sin embargo, como Pablo, pueden decir: “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos” (2 Co. 12:15). Sirven motivados por amor, y no se quejan de tener que gastar lo suyo y a sí mismos, puesto que al que ama el sacrificio es un placer. Pero cuando aparezca el Príncipe de los pastores, entonces ellos serán recompensados (1 P. 5:4). ¿Qué recompensa habrá? No dinero, sino algo mucho mejor: “La corona incorruptible de gloria”.
    A los demás creyentes, y aquí especialmente a los jóvenes, se les exhorta a sujetarse a los ancianos. Esto agrada a Dios, especialmente en este día de autonomía, insumisión, injusticia y egoísmo cuando muchos se jactan diciendo que no se sujetan a nadie.
    En 1 Timoteo 3:1-7 tenemos el carácter de los que aspiran a semejante trabajo. ¿Dice alguien: “me gustaría ser anciano”? He aquí los requisitos en los versículos del 2 al 7, las cualidades necesarias. Según Dios, ninguno de los que les faltan estas cosas es obispo..
    ¡Qué lugar más importante y responsable! ¡Qué temor reverente debe llenarle a cualquiera que sirve así, y este temor debe marcar todo lo que hace! ¡Su actitud y forma de proceder, lejos de enfatizar su propia importancia, deben ser como quienes quitan el calzado de sus pies en la casa de Dios!
 
W. S., de un viejo ejemplar de la revista Counsel (“Consejos”).
 
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EL LIBRO DEL MES


Lobos Vestidos de Ovejas,                                                       por Carlos Tomás Knott
No sólo hay lobos carnívoros que no perdonan las ovejas, sino también los que no perdonan los rebaños del Señor (Hch. 20:29). Entran encubiertamente en iglesias (Jud. 4), fingiéndose hermanos, pero sus intenciones son malévolas. ¡Hoy más que nunca necesitamos buen discernimiento espiritual!                                    
precio 5 euros



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¡Ay de ti, el Infierno te espera!


El infierno no es un cuento. No es una nebulosa posibilidad del futuro. No es simplemente un relato en la Biblia. El infierno es MUY real, y ahora mismo, mientras lees este artículo, sus llamas arden y su humo sube. En este momento hay personas en el Hades, la antesala del Infierno, condenadas,perdidas, sufriendo tormentos y esperando el día del gran juicio y la condena eterna al lago de fuego, el infierno. Es un lugar real, de agonías indecibles e interminables. Todos los perdidos, durante su vida mortal, pensaban en el infierno tal vez como una exageración, una historia para asustar a la gente, o como mínimo un futuro muy lejano del cual había tiempo sobrante para evitar. Pero ahora el castigo eterno es realidad para ellos.
     Y como a ellos les llegó su momento, también a tí te llegará, amigo. Por muy larga que sea tu vida, inevitablemente llegará tu partida a la eternidad. No hay escapatoria. No importa que la gente no crea en el juicio de Dios. El que ellos lo ignoren no lo cambia para nada. Tristemente se encontrarán un día tarde o temprano con la realidad.
    Te advierto de parte de Dios, recapacita mientras puedas. Mientras todavía habites en el mundo donde hay misericordia, mientras aún la mano de Cristo se extiende hacia ti, ¡aprovéchate! ¡No seas necio! Recuerda, vivirás con tu propia decisión por toda la eternidad.
    Si consiguieras todo lo que anhelas, hasta el colmo de tus ilusiones, con cada deseo cumplido – y perdieras tu alma, te pregunto: ¿de qué te servirá? Cuando hayas pasado de este mundo al mundo del cual acabas de leer, ¿para qué te valdrá todo lo que conseguiste? Un título... una carrera... una posición... una amistad... un amor... unos placeres... la comodidad... un buen nombre... libertad.... Piensa en ellos, o lo que sea que te importe sobre todo, por un momento, y haz los cálculos. ¿Hay algo en esa lista, aún la lista entera combinada, que puede valer más que tu alma? ¿Algo que puede quitar el juicio que le espera a cada humano, algo que puede acaso pagar la condena?
    ¿Vale más para ti cualquiera de estas cosas que Cristo? ¿Tan bajo concepto tienes tú del Hijo de Dios, como para preferir antes tu propia “comodidad”? ¿Acaso no te das cuenta de quién es Él?
    Te ruego como si Dios mismo te rogase por medio de mí, reconcíliate con Dios. Y hoy que has oído de nuevo Su voz llamándote con la intensidad de la urgencia de tu situación, no endurezcas tu corazón.
 

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El Cristiano Y La Política,  Capítulo 2

Los Agujeros Negros



Muchos de nosotros hemos oído de los “agujeros negros” u hoyos negros en el espacio. Son el resultado de estrellas colapsadas o contraídas, extremadamente densas, y su atracción gravitacional chupa aun la luz de estrellas cercanas, que entra y desaparece para siempre. Nada que entra un agujero negro aparece otra vez.
    Esto parece ilustrar lo que sucede cuando los cristianos son atraidos y se meten en la política, entregando todo su tiempo y energía. Es un esfuerzo vano y desesperado, destinado al fracaso. Pensemos en esto. ¿Cuántos años de historia registrada hay en el planeta? Algo como cuatro mil años. Y en esos años, ¿cuántos de los problemas básicos de la humanidad son los mismos que al principio? La respuesta es, todos. Selah. No hablamos de inventos o medicinas, sino de problemas básicos. ¿Cuántos pecados han sido eliminados por el hombre en esos miles de años? Ninguno.
    Es impresionante pensar en las miríadas de reyes, gobernadores, presidentes, dictadores, parlamentos, congresos, tribunales, legisladores, policías, oficiales y otras formas de gobierno que ha habido. En todo el mundo, en todas las edades y cada circunstancia concebible, han experimentado con la política en toda forma posible para seres humanos, y todavía no han podido solucionar los problemas básicos de la humanidad.
    Amado creyente, la política no merece ni un centavo de dinero ni un segundo del tiempo que Dios nos ha entregado como mayordomos Suyos que un día daremos cuenta a Él. Todo ese tiempo y dinero, toda esa energía y todos esos recursos desaparecen en el agujero negro de la política, y el mundo sigue hacia abajo en su rumbo al imperio de la bestia y al gran día del juicio de Dios.
    En contraste, pensemos en el evangelio. ¿Cuántos de los problemas básicos de la humanidad soluciona el evangelio? Dejemos contestar las Escrituras: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17). ¿Qué puede transformar a las personas, hacerles honestas, rectas y benignas? El evangelio. ¿Qué puede salvar y reparar matrimonios? El evangelio. ¿Que puede reformar para siempre a los presos? El evangelio. ¿Qué puede afectar para bien las relaciones entre los empleados y los gerentes? El evangelio. ¿Qué puede garantizar el cuidado de los ancianos y enfermos? El evangelio. ¿Qué puede transformar el corazón del ser humano? ¡El evangelio! Toda persona salva por la gracia, en ese mismo momento viene a ser templo del Espíritu Santo, y los cambios no son sólo internos sino también externos. Por eso, sus cambios afectan a los de su alrededor. Considera, entonces, cuál es la mejor inversión de tiempo y otros recursos para tratar al mundo y sus problemas, ¿la política o el evangelio? Pero no te equivoques tratando de mezclarlos, porque son como aceite y agua, o más biblicamente dicho, como luz y tinieblas (2 Co. 6:14-7:1).
    A continuación traducimos el comentario de David Hunt en la página 85 de su libro: Whatever Happened To Heaven? (¿Qué Pasó Con El Cielo?)

    ...La eternidad siempre debe tener máxima prioridad en la distribución de tiempo y recursos.
    Nuestra compasión natural y el deseo de hacer algo en concreto para mejorar este mundo caído puede conducirnos a actitudes y hechos que al momento parecen ayudar, pero en verdad pueden ser insensatas a largo plazo, especialmente para la eternidad. Sin embargo, no hay enseñanza en la Escritura – explícita o implicada– a favor de esfuerzos organizados para influir la postura y las prácticas del gobierno.

    En las páginas 119-120 del mismo libro, comenta acerca de las raíces católica romanas del activismo político.

    Los activistas cristianas de hoy pueden argumentar que la separación y piedad que ellos combaten con su activismo eran las cosas que causaron el colapso del imperio romano. Se equivocan porque no toman en cuenta la corrupción que la “cristianización” del imperio trajo a la iglesia. El imperio fue debilitado por su alianza con el cristianismo. El genuino cristianismo del Nuevo Testamento no está diseñado para gobernar a una sociedad secular, y nunca fue la intención divina que la iglesia entrara en colaboración con el mundo para hacer eso. Nada parecido en absoluto puede ser hallado en la conducta de Cristo, y Él es nuestro ejemplo perfecto.
    En algunos aspectos, la iglesia del siglo IV estaba mejor que en los siglos previos cuando sufría persecución. Los cristianos podían congregarse libremente para adorar juntos, edificar y animarse unos a otros. Antes no era así, pues tenían que hacer todo en secreto y bajo circunstancias difíciles. Ahora era también posible predicar libremente el evangelio...
    Pero pese a tales ventajas, a la larga la asociación entre la iglesia y el mundo romano no fue bueno ni para el cristianismo ni para el imperio. Lo que al principio parecía a muchos como una bendición otorgada a la iglesia, realmente resultó ser una oportunidad única aprovechada por Satanás para pervertir la verdad. Con la asociación entre la política y la religión, lo que beneficiaba a uno también beneficiaba al otro. Como consecuencia, consideraciones políticas comenzaron sutilmente a influir la vida y doctrina cristiana, porque lo que favorecía al estado ocupaba un lugar prominente en asuntos eclesiásticos. La iglesia segaría el fruto amargo de descuidar la solemne advertencia de Santiago: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4).                                
    Ningún sistema político o religioso puede erradicar el pecado, cambiar la naturaleza humana ni jamás traerá el Milenio, aquel glorioso y literal reino de mil años de Cristo. El posmilenarismo y el reconstruccionismo enseñan que los cristianos deben tomar control del mundo y reformarlo mediante el esfuerzo unido de la iglesia y el estado. Proponen algo parecido al experimento de Juan Calvino con el gobierno de Ginebra, olvidando los errores, abusos y fracasos de ese sistema. También ignoran u ofrecen interpretaciones erroneas de las claras afirmaciones bíblicas acerca del rumbo descendiente de la historia y la ruina final de todo sistema de este mundo. ¡La corriente de la historia de este mundo avanza constantemente hacia el anticristo! Todo sistema político es un río tributario que desemboca al final en el gobierno de la trinidad satánica. Cuando eso suceda, Dios no hará una campaña de publicidad para persuadir a la mayoría a cambiar, sino traerá un final violento al sistema de este mundo, diseñado y encabezado por el diablo, e instalará el reino eterno prometido en Daniel 2:44, “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. ¡El Milenio sólo será el comienzo! El futuro de la política es ser despedazado, desmenuzado y consumido. La escritura está sobre la pared, y dice: “MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN... Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin... Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto”. Excepto esta vez no será dado a los medos y persas, sino al Rey de reyes y Señor de señores, el Señor Jesucristo.
    Citamos nuevamente del excelente libro de John Walvoord: The Millennial Kingdom (“El Reino Milenario”), pág. 134:

    El concepto premilenario de la edad corriente hace del periodo entreadvenimiento algo único e impredecible en el Antiguo Testamento. La edad presente es cuando el evangelio es predicado a todo el mundo. Relativamente pocos son salvos. De hecho, marchando el tiempo, el mundo se vuelve todavía más malo. La vista premilenario no alberga ideas de una edad de oro antes de la segunda venida, ni presenta mandamiento alguno a mejorar la sociedad. Los apóstoles particularmente guardan silencio resepecto a programas políticos, sociales, morales o de mejora física del mundo inconverso. Pablo no realizó ningún esfuerzo para corregir los abusos sociales ni para influir para bien al gobierno político. El programa de la iglesia primitiva consistía en evangelización y enseñanza de las Escrituras. La misión era salvar almas y rescatarlas del mundo, no rescatar al mundo. No era posible ni estaba en el programa de Dios que esta edad llegara a ser el reino de Dios en la tierra.
    El mismo Señor Jesucristo personalmente introducirá aquella era bendita cuando venga a reinar con gran poder y gloria, y Sus santos con Él. Hasta entonces nos toca evangelizar, enseñar y esperar. Dios ya ha decidido qué hacer y lo ha decretado (Sal. 2:6-7). En el Salmo 110:2 leemos: “Domina en medio de tus enemigos”. No nos toca a nosotros ahora dominar en medio de nuestros enemigos. Los versículos 5 y 6 dicen: “Quebrantará a los reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones”. Al creyente no le toca quebrantar reyes y gobiernos, ni participar en revoluciones. Lo suyo es orar, pagar tributos, honrar y obedecer. Pero un día Dios mandará al Rey y le pondrá sobre Su santo monte de Sión. No consultará a la O.N.U. ni el “grupo de ocho” (G-8) ni a ningún otro grupo. No habrá campaña, referendum, ni acuerdos y pactos a puerta cerrada con los corredores de poder. Las oraciones de los creyentes a lo largo de los siglos serán por fin contestadas. “Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6:10).
    La historia demuestra que los políticos reorganizan los problemas, los dan un sesgo positivo, o echan la culpa a otros. Tal vez por eso escuchamos dichos como éste: “Los políticos son los mismos perros llevando distintos collares”. Como mucho pueden tratar los síntomas del pecado, y a plazo corto tal vez impedir un poco el avance del mal, pero no lo pueden eliminar. Por lo tanto, el creyente que se involucra en la política y el gobierno de este mundo verá todo su tiempo, dinero y eficacia espiritual desaparecer en ese “agujero negro”, cuando podía haber invertido todo en el evangelio que es el poder de Dios para salvación (Ro. 1:16) y da resultados eternos. La política no puede dar resultados así. ¿Por qué? Porque el problema básico de la humanidad es de naturaleza espiritual, y no tiene relación alguna con la ciencia política. Si alguien tiene pulmonía, necesita medicina interna, no un parche. El evangelio ofrece la medicina interna tan necesitada, pero la política sólo ofrece una cajita de parches.
 
Carlos Tomás Knott, del libro El Cristiano Y La Política
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