Entradas populares

miércoles, 31 de enero de 2018

EN ESTO PENSAD -- febrero 2018

Las Oraciones Impedidas
Lucas Batalla


Texto: Salmo 66:13-20
    
El pecado no confesado arruina las oraciones del creyente, y el diablo lo sabe muy bien. El versículo 13 expresa la verdad de si el creyente contempla el pecado y el corazón y la mente están sucios – el Señor no escucha – primero hay que limpiarnos, confesando el pecado. La madre de Juan Wesley dijo que el pecado oscurece nuestra visión de Dios y quita el deseo de cosas espirituales. Es una gran verdad que debemos recordar.
    Consideremos cómo el pecado puede impedir nuestra oración. Debemos tenerlo en cuenta porque vivimos en un mundo lleno de pecado y cada día está peor. Si nuestro corazón está sucio, manchado, y hay pecado en nuestra mente, al orar es como si habláramos a la pared o al suelo. No sirve. Podemos pensar que hacemos bien orando, pero nos engañamos. Estamos confiados, pero equivocados.
    Después de la victoria en Jericó, Josué 7 cuenta lo de Acán. Él metió la mano, que es siempre malo. Uno puede meter la pata, equivocarse, pero meter la mano es malo. Acán tomó del anatema (v. 1) y contaminó a los de su casa y a todo el pueblo. Los versículos 2-5 cuentan el efecto que esto tuvo en el pueblo. No se puede tomar a la ligera lo que Dios dice. Hay culpa por asociación, nos guste o no. Hay consecuencias en todo el pueblo. Treinta y seis personas fueron muertas y todo el pueblo desmoralizado. En los versículos 6-9 Josué se postró y oró, pero no había respuesta en cuanto a la victoria, porque había pecado en el pueblo. El pecado contamina y neutraliza al pueblo. Por lo de un sólo hombre sufrió toda la nación. Recordemos que en el Nuevo Testamento el apóstol Pablo instruye a los corintios a sacar al hombre perverso de en medio de ellos (1 Co. 5).
    En los versículos 10-15 el Señor le dijo a Josué que la razón era el pecado. Observemos cómo lo dijo en el versículo 11. “Israel ha pecado”. El versículo 12 continúa: “Por esto... no podrán hacer frente...”  Y peor: “ni estaré más con vosotros”. Les demandó que quitasen el anatema de en medio. Dios no anda con pecadores. Es puro de ojos para mirar el pecado. Él es santo y justo.
    Luego 2 Samuel 11 y 12 cuentan del pecado de David y cómo le afectó a él y a su familia: cuatro hijos muertos por su pecado. Toda su familia y también la nación afectada luego con el levantamiento de Absalón y la guerra civil. Y Absalón tuvo relaciones públicamente con las concubinas de David, y esto que David, después de un año de encubrirlo, se había arrepentido de corazón, pero aun así el pecado trae consecuencias. Por el pecado con Betsabé, David fue afligido en su carne, su familia y reino. En el 14:33 Abaslón se presentó pero no con humildad ni quebrantamiento. No confesó nada, sólo hizo lo socialmente correcto: se inclinó, pero no se arrepintió ni confesó su pecado como hizo el hijo pródigo en Lucas 15. Y su padre David le besó, pero no tenía que haberlo hecho porque mirad, el padre del prodigó le besó cuando se humilló confesando su pecado y buscando perdón. Cuando uno perdona y recibe a uno que no está arrepentido, sólo hace daño y da lugar a más problemas. Luego Absalón, altivo, se levantó contra su padre y le robó el reino, el corazón del pueblo (15:6) y al final murió colgado en un árbol.
    David reconoció su pecado y fue perdonado y restaurado aun con penas. Pero Absalón no lo hizo, y murió desgraciado. Acán “reconoció” su pecado, pero sólo cuando había sido descubierto, era tarde, es decir, no lo hizo de corazón.
    En Marcos 4:22 leemos que no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni escondido que no haya de salir a luz (compare He. 4:13). En Jeremías 5:25 dice que nuestros pecados estorban, y apartan de nosotros el bien. Isaías 59:2 declara que el pecado hace separación entre Dios y los hombres. En Ezequiel 10 y 11 la gloria de Dios se apartó de Israel por los pecados de la nación.
    Por todo esto el Salmo 66:18 expresa lo importante que es no mirar la iniquidad en el corazón. Y así como el salmista andaba en santidad e integridad, Dios le escuchó y le atendió (v. 19). “No echó de sí mi oración” (v. 20). Dios puede hacer esto, echar de sí nuestras oraciones, y lo hará si tenemos pecado no confesado. Es lo que hace el pecado cuando invade nuestra vida. Rompe la comunión y entonces, separados del Señor nada podemos hacer, pues Él es la vid verdadera y nosotros sólo somos pámpanos.
    Por esto Proverbios 28:13 declara la necesidad de confesar y apartarse del pecado. El versículo 9 declara que es abominable la oración de los pecadores que no quieren oír la ley. Que el Señor nos ayude a recordar todo esto y limpiar nuestra vida mediante la confesión y la separación del pecado, para Su gloria y nuestra bendición.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 
La Fe

Mucha gente del mundo, e incluso algunos cristianos, tienen un concepto equivocado de la fe. Para algunos significa algo que acumulamos como energía y cuando llega a cierto nivel somos capaces de hacer milagros. Para otros es una fe ciega que cree algo cuando realmente no hay base para creerlo. Por ejemplo, muchos enfermos están convencidos de que serán sanados a pesar de que no hay base para esa creencia. El médico no les ha dicho que sanarán, y todo indica lo contrario, pero ellos se empeñan en decir que tienen fe.
    Son muchos los que definen la fe citando Hebreos 11:1, “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. La fe verdadera sí produce confianza respecto a lo que se espera, y convicción acerca de lo que no se ve, pero estas cosas son productos de la fe, y no la fe en sí.
     La fe es creer un testimonio o una revelación divina. Tener fe es creer a Dios cuando Él habla. Entonces el creyente tiene una base para su creencia—la Palabra de Dios. Muchos creen en Dios, pero muchísimos menos creen a Dios cuando Él habla. Adán, el primer hombre, dio los primeros pasos en el camino de la incredulidad, y a lo largo de la historia el hombre ha rehusado creer a Dios cuando Él habla.
    La fe es siempre la respuesta al mensaje divino: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio?” (Is. 53:1). “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17). “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (He. 1:1).
    Los que tienen fe creen a Dios cuando Él habla de cualquier tema. Si habla de la creación, le creen (He. 11:3). Si habla acerca del juicio venidero, le creen (He. 11:7). Si habla de lo que ojo nunca vio, le creen (He. 11:8). Creer a Dios cuando Él habla es lo que distingue entre el cristiano verdadero y el mundo incrédulo que le rodea, así como cuando Josué y Caleb creyeron a Dios respecto a la tierra prometida, y eso les separó del resto de la nación incrédula de Israel.
    Los que tienen fe creen lo que Dios dice acerca de la salvación, el matrimonio, el futuro, el dinero, la creación, o el funcionamiento de la iglesia local. Esta fe va más allá de lo que nos puedan indicar nuestros sentidos. A pesar de los que nos diga nuestra vista, nuestro tacto, nuestras emociones, o nuestros razonamientos, la fe cree a Dios cuando Él habla.
    La fe que cree a Dios siempre resulta en acción apropiada (Stg. 2:20). Ya sea el arrepentimiento, la construcción de un arca, o el andar alrededor de una ciudad, cuando creemos lo que Dios dice esto siempre nos llevará a hacer algo, aunque sea estar quietos y ver Su salvación (Ex. 14:13).
    Que el Señor aumente nuestra fe (Lc. 17:5). Que aprendamos a creer a Dios cuando Él habla sobre cualquier tema, y estemos dispuestos a someternos a Su Palabra y a obedecerla.                       
Steve Hulshizer, de la revista Milk & Honey ("Leche y Miel")  

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
 No Dejemos Acumular Los Pecados

Para mantenernos limpios y en comunión con Dios, debemos confesar y abandonar el pecado tan pronto como seamos conscientes del mismo en nuestra vida (Pr. 28:13; 1 Jn. 1:9). Todo pecado debería ser confesado a Dios, porque todo pecado es contra Él. Si hemos perjudicado a alguien, entonces también deberíamos confesarlo a esa persona. La verdadera confesión tanto a Dios como a otros que hemos ofendido debería ser:
    Inmediata – no deberíamos esperar hasta el fin del día o de la semana.
    Incondicional – no digas: "Siento que te hayas ofendido", ni "Si he hecho algo malo..." ni "te perdonaré si tú me perdonas". No seas como la mujer que dijo: "Si he hecho algo mal, estoy dispuesta a ser perdonada". Tampoco vale decir: "Si he ofendido a alguien, pido perdón". Confiesa lo que has hecho sin justificarte ni implicar a otros.
   Específica – dilo como ha sido. Llama al monstruo por su nombre: borrachera y no falta de sobriedad, robo y no tomar algo prestado. Pedro no dijo: "Soy un hombre inepto", sino: "Señor...soy hombre pecador".
    Arrepentida – Debe ir acompañada de la decisión de dejar el pecado. Eso que sigue no es una confesión: "Robé una caja de peras, pero mejor que sean dos. Esta noche voy a por la otra caja".
   De corazón – sencillamente, dilo: "Hice mal. Lo siento. Perdóname".
    Cuando confesamos con sinceridad nuestros pecados, podemos saber, por la autoridad de la Palabra de Dios, que Dios nos perdona. Él ha prometido perdonarnos si confesamos, y es fiel a Su promesa. Nos apropiamos del perdón por la fe. Y entre hermanos, debemos ser prontos para administrar perdón a los arrepentidos.
    Es cierto que cuando Dios perdona, olvida (He. 10:17). Esto no significa que Él tenga mala memoria, sino que nunca volverá a sacar esos pecados en contra nuestra. Están olvidados en el sentido de que el caso está cerrado. "No le serán recordadas" (Ez. 18:22).
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Creer En Dios, y Creer A Dios

Creer En Dios
    No todos creen en Dios. Algunos son ateos, y otros son agnósticos o por lo menos profesan serlo. Los que ni siquiera creen en Dios son necios, pues así lo declara Salmo 14:1 y 53:1, “Dice el necio en su corazón: no hay Dios”. La raza humana conoció a Dios en el principio, pero le rechazó y se corrompió (Romanos 1:21-22). “Profesando ser sabios, se hicieron necios”. Hoy más que nunca abundan los necios.
    Pero tú, amigo, probablemente dices que no eres así – crees en Dios. No le conoces, pero crees que existe. Probablemente eres religioso, y practicas los ritos o sacramentos de tu religión. ¿Estarás sorprendido cuando te digo que creer en Dios no te asegura de Su favor? No irás al cielo porque crees en Dios.
    En Santiago 2:19 leemos estas sorprendentes palabras: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”. Si crees en Dios, eres como los demonios, porque ellos también creen. Y tiemblan, eso es, le tienen miedo, gran respeto. Pero aunque eso es así, los demonios no confían en Dios, no le creen, ni le obedecen, ni le adoran. Creen en Dios, pero hacen lo que les parece, y no se someten a Él. Ningún demonio irá al cielo, ni ningún ser humano que “cree en Dios”, porque no hay mérito ni salvación en eso. Millones de personas que creen en Dios irán al castigo eterno.
   
Creer A Dios
    Hay que creerle a Dios, eso es, darle la razón en lo que dice, aceptar y confiar en Su Palabra. Considera el ejemplo del patriarca Abraham. Pablo escribe en Romanos 4:3, “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”. Cuando Dios le habló, Abraham le creyó.
    Tengo amigos religiosos que cuando les enseño lo que dice la Palabra de Dios acerca de qué es el pecado, o del castigo eterno, o de sus prácticas religiosas como por ejemplo los sacramentos, o el uso de imágenes y la devoción a santos, remueven la cabeza y dicen: “no creo esto”, o “no estoy de acuerdo con esto”. Ése es precisamente el problema. No creen a Dios. Tienen sus opiniones, filosofías o tradiciones y no quieren romper sus esquemas. Dios habla en las Escrituras, pero ellos no le creen. Creen en Dios, pero no a Dios, y por eso no son salvos. Creen antes al Papa, a la Iglesia, la tradición, al sacerdote, o la opinión de su familia o amigos. Es el pecado de no creer a Dios.
    Israel, el antiguo pueblo de Dios, rehusó entrar en la tierra prometida y fue castigado durante cuarenta años en el desierto. Murieron miles y miles, toda una generación. Dios explica por qué en el Salmo 106:24, “No creyeron a su palabra”. Hebreos 4:2 advierte: “Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron”. Creyeron en Dios pero no creyeron a Dios.
    Digo que esto es pecado, porque el apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, afirmó: “El que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso” (1 Juan 5:10). Entonces, está bien que crees en Dios. Mejor eso que ser ateo. Pero si quieres ser salvo, cree a Dios que dice: “mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5).
Carlos

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Bernabé
Lucas Batalla 
Texto: Hechos 11:19-30 
Me llama la atención la conversión y vida de Bernabé, un hombre que llegó a ser útil en las manos del Señor, hacedor de bien e influyente en la iglesia primitiva. Era de la tribu de Leví, pero nacido en Chipre. Su nombre correcto era José (Hch. 4:36), y era uno de los muchos nuevos creyentes en Hechos 2 y 3. No sabemos si había venido de Chipre sólo para estar durante las fiestas de la pascua, los panes sin levadura y luego pentecostés, o si tal vez había vuelto para vivir en o cerca de Jerusalén, porque ahí tenía una heredad (4:37). A ese José levita, creyente, los apóstoles le pusieron por sobrenombre “Bernabé”, que significa “hijo de consolación”. Cuando primero aparece entre creyentes en Hechos 4, es a raíz de un sacrificio que hizo: vendió su heredad y trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles, una ofrenda (v. 34) como otros hacían en aquel entonces. Para muchos las riquezas son un lastre (Mr. 10:21-25). Las acumulan pero no quieren deshacerse de ellas. No así con Bernabé.
    Bernabé hizo honor a su nombre cuando Saulo, después de convertido, quiso juntarse a los discípulos en Jerusalén pero le tenían miedo (Hch. 9:26). Su miedo era lógico, y siempre es bueno tener precaución en la recepción a la comunión. Cuántas veces se ha precipitado a recibir a alguien porque dijo que era cristiano bautizado, y luego esa decisión ha traido problemas. “El simple todo lo cree” dice Proverbios 14:15, pero los discípulos no eran simples ni tenían prisa para tener a uno más en la iglesia. Seguro que Pablo les decía que era creyente, pero no se lo creyeron hasta que Bernabé lo tomó (Hch. 9:27) y dio testimonio de él delante de los apóstoles. Entonces, por su testimonio de hechos concretos de Pablo, los discípulos le recibieron. Por eso todavía hoy son importantes las cartas de recomendación y faltando ellas el testimonio de un hermano de confianza.
    Luego Bernabé aparece en Antioquía, como hemos visto en Hechos 11. El evangelio fue predicado a los gentiles. Había fiel testimonio de parte de hermanos motivados a evangelizar, pese a la persecución. Necesitamos hoy ser tan fieles testigos como ellos, porque francamente parece que nos falta ese fervor y devoción.  Ellos predicaron, y “gran numero creyó y se convirtió al Señor” (v. 21). La iglesia hoy adolece también de eso – esa fe que trae conversión y cambios. Antioquía era ciudad importante de la provincia romana de Asia, un lugar cosmopolitano, importante para la predicación del evangelio, y de ahí saldría hacia muchos otros lugares. La primera persona nombrada de ahí era Nicolás (Hch. 6:5), que fue uno de los primeros diáconos, hombre lleno de fe y buen testimonio. Quizás por él u otros como él las primeras notas del evangelio llegaron a la ciudad.
    En Hechos 11:22 vemos a Bernabé enviado de parte de la iglesia en Jerusalén para conocer más la situación en Antioquía tras la conversión de algunos gentiles. Seguramente fue escogido para esa misión por lo que dice el versículo 24, “porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo”, no de otras cosas, “y de fe” – suena como los diáconos en Hechos 6. No se puede enviar a uno cualquiera para conocer la condición espiritual de otros, porque le faltaría discernimiento y se equivocaría, pero los hermanos en Jerusalén confiaban en Bernabé. El versículo 23 dice que “vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor”. Él primero observó cuidadosamente, y pudo ver evidencias de la gracia de Dios, porque hace una diferencia en la vida, el carácter y comportamiento, como Tito 2:11-14 indica. Al ver eso, se regocijó. Compartió el gozo de la salvación de esos nuevos hermanos. Y les exhortó, señalando la importancia de tener propósito de corazón y fidelidad al Señor. Hermanos, hoy necesitamos a más personas como Bernabé. Ésa es la clase de consolación y ayuda que la iglesia precisa.
    Viendo la necesidad de ayuda e instrucción para esos nuevos creyentes, Bernabé, en lugar de ponerse como “pastor”, pensó en traer a otros para ayudar, y buscó a Saulo (11:25). Así hubo un grupo de hermanos compartiendo las responsabilidades del pastoreo en Antioquía, y así debe ser en toda iglesia neotestamentaria. Fue en ese tiempo que salió el nombre “cristiano” por primera vez (11:26). Sólo aparece dos veces más en la Biblia, en Hechos 26:28 y 1 Pedro 4:16.  Ellos no lo tomaron como título suyo ni nombre de la iglesia, sino que fue dado por otros, por los de afuera. Pero es bueno llamarse cristiano, y no evangélico, pentecostal, bautista, adventista, etc. Más frecuentemente en el Nuevo Testamento somos llamados hermanos, creyentes, discípulos y santos, y cada término está lleno de sentido. La iglesia de ahí envió a Pablo y Bernabé a Jerusalén con la ofrenda para los hermanos necesitados (11:30). Así que Bernabé llevó consolación también a los santos en Jerusalén.
    Andando el tiempo, vemos a Bernabé en el capítulo 13, señalado junto con Pablo por el Espíritu Santo para salir a la obra misionera, llevando el evangelio más allá. “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (v. 2). ¿Quién envía a los misioneros? No la iglesia, sino Dios. No fueron comisionados por la iglesia, sino señalados por el Espíritu Santo.  Así que los de la iglesia “los despidieron” (v. 3), “enviados por el Espíritu Santo” (v. 4). Pero observa que Dios no envió a nuevas reclutas sino a hombres experimentados y diestros que ya estaban ocupados en el ministerio. Eran hombres que tenían la confianza de la iglesia, y sobre todo a quienes no cabía duda que Dios los había llamado. En la primera linea de combate hacen falta veteranos, no creyentes verdes que tienen más entusiasmo que otra cosa. Solemos hablar del primer viaje misionero de Pablo, pero hay que recordar que era de Bernabé y Pablo.
    En ese primer viaje misionero, ¡cuántas cosas padeció Bernabé junto con Pablo! Los dos vieron la oposición de Barjesús, Elimas el mago, en Chipre (13:6-11) y la conversión del proconsul (v. 12). Juan Marcos abandonó a los dos, y se volvió a Jerusalén (v. 13). Bernabé con Pablo trabajó anunciando la Palabra de Dios en Antioquía de Pisidia, y cuando surgió la persecución los dos fueron echados de ahí (13:14-51), y fueron a Iconio.
    Allí también surgió conflicto armado por los judaizantes, y los misioneros fueron a Listra y Derbe (14:6-22). Bernabé fue llamado Jupiter por el pueblo pagano (v. 12), estando él al lado de Pablo cuando sanó al hombre cojo (vv. 8-10). No fue apedreado, pero vio a Pablo apedreado y dejado por muerto, y sólo podemos imaginar cómo eso le impactó. La obra misionera de hoy es muy cómoda y relajada comparada con lo que aquellos primeros misioneros hicieron.
    En la última fase de ese viaje histórico, Bernabé y Pablo “constituyeron ancianos en cada iglesia” (14:23). No se quedaron como pastores sino que señalaron a otros como responsables y los encomendaron al Señor. Bernabé sabía que la obra es del Señor, y que no dependía de la presencia constante de él y Pablo. En eso también vemos su fe y la gúia del Espíritu Santo. Hoy muchos admiran el ejemplo de hombres como ellos, pero otra cosa es seguir el patrón.
    En Hechos 15:1 surgió el evangelio falso de los judaizantes: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés no podéis ser salvos”. Es un mensaje maldito (Gá. 1:8-9), que todavía circula en manos de católicos, adventistas y otros que predican la ley y las obras para la salvación. Pero observad conmigo, hermanos, quiénes se pusieron en la brecha para parar ese ataque del diablo. “Pablo y Bernabé tuvieron una discusión y contienda no pequeña con ellos” (v. 2). El ser hijo de consolación no impidió a Bernabé a la hora de contender ardientemente por la fe (Jud. 3). Gálatas 2:1-5 indica que él con Pablo resistió firmemente a los judaizantes y no cedió ni por un momento. El consuelo no es para los que llevan falsa doctrina, ni debemos tolerar cosas así bajo una bandera falsa de “amor”, porque hay que amar a Dios, Su Palabra, la verdad, lo bueno y a los hermanos.  En Hechos 15: 12 Pablo y Bernabé hablaron públicamente de lo que Dios había hecho entre los gentiles. No hablaron de sí mismos, sino de Dios, porque sólo eran siervos, no dueños de la obra. En Gálatas 2:11-21 vemos a Bernabé arrastrado por la hipocresía momentánea de Pedro y otros judíos cuando en una ocasión, por temor a los judíos de Jerusalén (Pr. 29:25) se apartaron de los hermanos gentiles. Esto demuestra como hombres buenos pueden equivocarse y tener un patinazo, pero se dejan corregir, como evidentemente pasó cuando Pablo le reprendió a Pedro y los demás por esa simulación, “porque era de condenar” (Gá. 2:11). Si somos mansos y aceptamos correción, eso también obra para bendición. Bernabé no dijo: “¿quién eres tu para corregir a Pedro y a mí? ¡Soy el hermano mayor, pues me convertí antes que tú y ya estaba en la iglesia cuando tú llegaste!” Era manso. No tenía ese genio, esa altivez, auto importancia y protagonismo que tantas veces han dañado la obra del Señor.
    Sabemos que en Hechos 15:36-41 hubo un desacuerdo entre Pablo y Bernabé respecto a Juan Marcos. Pero debemos recordar que no fue una cuestión doctrinal. Predicaban la misma fe. No fue una pelea, ni causó una división en la iglesia. No perdieron la comunión, simplemente fueron a diferentes campos de trabajo. Bernabé seguía trabajando en el servicio del Señor, y volvió a Chipre, donde había nacido, para predicar (Hch. 15:39). Pablo también seguía predicando, y el Espíritu Santo se ocupa de ahí en adelante con él. Pablo nombra favorablemente a Bernabé en 1 Corintios 9:6 como siervo de Cristo, y eso nos indica que era digno de confianza en la obra del Señor.
    Así es el fruto de su vida de fe y entrega al Señor. Que el Señor nos ayude a ser como Bernabé, que no solo creyó sino vivió su fe, se desprendió de lo suyo y aun de sí mismo para servir a Cristo y ayudar a sus hermanos. La iglesia hoy necesita más personas como Bernabé.
Lucas Batalla, por la gracia de Dios, con 75 años de edad sigue predicando la Palabra en Sevilla
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
El Cristiano Y La Política
Capítulo 5


Dad A César
 
Otra cosa que gorgotean los activistas es: “El Señor mandó: ‘Dad, pues, a César lo que es de César’”, pero suelen omitir la segunda mitad de ese texto: “y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22:21).
    Esa fue la respuesta de nuestro Señor y Maestro a los en Israel que le preguntaron acerca del tributo al gobierno romano. Antes de decir eso, pidió que le mostrasen una moneda y preguntó: “¿De quién es esta imagen, y la inscripción?” (v. 20). Su inferencia parece ser que si Israel hubiera dado a Dios lo que era Suyo, no habría estado en esa posición de castigo bajo la autoridad de César. No sólo fue una respuesta brillante, sino también un patrón para los seguidores de Cristo en todas las edades.
    Con respecto a “César”, el gobierno, debemos darle lo que es suyo. Los seguidores de Cristo no son llamados a involucrarse en el gobierno y la política, pero sí tenemos responsabilidades, como considerábamos brevemente en el capítulo anterior. ¿Cuáles son? Cristo manda que demos a César lo suyo. La pregunta es: ¿Qué es suyo?
    Primero, a “César” le debemos obediencia. Debemos ser ciudadanos obedientes y sujetos a las leyes. Romanos 13:1-5 dice que nos sujetemos porque los gobiernos son establecidos por Dios. Los cristianos no somos llamados a participar en la insurrección y rebelión contra el gobierno. Debemos respetar y obedecer las leyes, excepto cuando nos pongan en conflicto con Dios, y entonces debemos obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch. 5:29), aunque por ello seamos castigados. 1 Pedro 2:13-14 insiste: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien”. Cuando respetamos las leyes, rendimos a César lo suyo.
    Segundo, Romanos 13:6 dice que debemos pagar tributo, que es lo mismo que Cristo dijo en Mateo 22:21. Más precisamente es la palabra griega  foros, el tributo impuesto a las naciones conquistadas. Aunque somos extranjeros y peregrinos, y este mundo no es nuestro hogar, sin embargo debemos pagar nuestros impuestos. Es parte de someternos a toda institución humana. No entra en la decisión preguntar si nos gusta o no lo que hace el gobierno con los impuestos. Cristo dice: “a César lo que es de César”. Romanos 13:7 usa ese término también, pero luego dice: “al que impuesto, impuesto”, y es una palabra distinta: telos. Según Robertson esta palabra indica impuestos o cuotas pagadas para apoyar el gobierno civil (Mt. 17:25).
    Tercero, Romanos 13:7 dice: “al que respeto, respeto” y aquí es la palabra griega fobos, de la cual tenemos nuestra palabra fobia, pero no siempre significa miedo como es obvio al leer el texto. Es interesante ver que el verbo de esta palabra aparece en Efesios 5:33 como instrucción a las esposas acerca del trato de sus esposos, y dice: “la mujer respete a su marido”. Así debe ser la actitud del creyente hacia el gobierno. Según Romanos 13, una de las razones por el establecimiento del gobierno humano era el castigo de los malhechores, para mantener paz y orden en la sociedad. Los que hacen mal deben temer a los magistrados, porque están autorizados a aplicar castigo. “...porque no en vano lleva la espada” (v. 4).
    Cuarto, el mismo versículo nos llama a rendir honra al que es debido. 1 Pedro 2:17 añade: “Honrad al rey”. Rendir honra significa que no hablemos mal del gobierno ni insultemos a los que están en autoridad (Hch. 23:5). Hoy los medios de comunicación y muchos otros calumnian y faltan respeto a los gobernadores. Pero los cristianos no debemos seguir esa moda. “No seguirás a los muchos para hacer mal” (Éx. 23:2). Ahora bien, eso no quiere decir que haya que aprobar todo lo que hace el gobierno, pero debemos llevar nuestras quejas al Señor en oración. Tito 3:1-2 manda: “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. Que a nadie difamen...”
    Pero eso no es todo, porque en quinto lugar, 1 Timoteo 2:1-3 nos instruye a orar por reyes y todos los que están en autoridad. Eso tal vez no sea “dar a César”, sin embargo es una responsabilidad que Dios nos ha dado frente al gobierno. En lugar de hablar mal de los que están en autoridad, debemos orar por ellos. ¡Necesitan mucha oración! Todas las quejas, críticas, murmuraciones, e insultos deberían ser silenciados y canalizados a la santa oración y ferviente intercesión.
    Según la Palabra de Dios, esas son las cosas que los creyentes deben dar al gobierno, y haremos bien si  tomamos buena nota de ellas. También observamos que en ningún lugar de las Escrituras somos llamados a formar o pertenecer a un partido político, ser políticamente activos, votar, presentarnos como candidatos ni involucrarnos de otra manera en la política. Cuando un creyente se mete en la política o el gobierno, comete el error de dar a César lo que es de Dios, ¡porque nuestra vida pertenece a Dios! Cristo dice: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mr. 12:30). No debemos nada de nuestro corazón, alma, mente o fuerzas a la política u otras cosas del mundo. ¡No robemos a Dios! No somos nuestros, pues hemos sido comprados por precio (1 Co. 6:19). No hay ni un solo versículo que enseña o manda hacer eso. Esto es importante, porque, como hemos visto, la Biblia no guarda silencio sobre las responsabilidades del creyente hacia el gobierno. Nuestro Señor nos ha dicho lo que debemos hacer. En lugar de razonar o filosofar sobre el asunto, simplemente debemos hacer lo que Él nos dice. De otra manera seríamos como los a quienes Cristo preguntó: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lc.  6:46).

    Todo a Cristo, yo me rindo,
    Lo que tengo, lo que soy,
    Pues le amo, en Él confío,
    Por Su gracia al cielo voy.

    Todo lo que tengo,
    Todo lo que soy,
    ¡Oh, Señor, a Ti me ofrezco
    Y me rindo hoy!

    Todo a Cristo me presento,
    Cual humilde servidor,
    Y mi vida Le ofrendo,
    Pues al mundo muerto soy.

    Si somos íntegros y hacemos como cantamos, dando todo a Cristo, no queda nada para la política de este mundo.
 - - - - - - - - - - - - - - - - - -

del libro El Cristiano Y La Política, por Carlos Tomás Knott
para obtener un ejemplar en español o inglés:

 

domingo, 31 de diciembre de 2017

EN ESTO PENSAD -- enero 2018

¿Conciertos Cristianos?

En todo el Nuevo Testamento, ¿dónde vemos un concierto cristiano? En Hechos 16:25 Pablo y Silas, heridos y encarcelados, oraban y cantaban himnos a medianoche en el calabozo, y los presos los oían, pero eso no fue un concierto. ¿Andaban los apóstoles en sus viajes misioneros con instrumentos musicales para tocar y cantar en las plazas para atraer a la gente? ¿En las listas de dones espirituales aparece “músico” o “cantante”? Es importante preguntar, porque el Nuevo Testamento es nuestro patrón para doctrina y práctica en nuestra vida personal y en la iglesia.
    Hasta la última mitad del siglo XX no se metió esa clase de música en las iglesias. Estaba en el mundo, en los bares, las discotecas, los pubs, los clubs nocturnos donde la gente podía cenar y mirar un espectáculo. En las iglesias, la congregación cantaba para la gloria del Señor. No había espectáculo. No había show. No había una actuación de unos cantando y los demás escuchando y admirando. Pero el mundo viene metiéndose en las iglesias, porque más y más de los que asisten son religiosos pero mundanos, probablemente ni siquiera convertidos. Les apetece lo del mundo. La cabra tira al monte.
    Otros consideran que para atraer a la gente del mundo hay que hacer esas cosas – tener una buena música marchosa, una actuación de cantantes profesionales, un escenario adecuado, con tarima, excelente acústica, luces, etc. Pero se equivocan, porque la iglesia no debe ser atractiva al mundo sino al Señor, pues es Su novia y no debe andar coqueteando. Los conciertos son puro invento mundano, por gente que quiere divertirse en el camino al infierno. Los del mundo quieren ser felices sin Dios. Sus diversiones no caben en la Iglesia.
    Los creyentes no necesitamos un concierto “Soulstock” para rivalizar al famoso concierto “Woodstock”, ni conjuntos “cristianos” para reemplazar los Rolling Stones. Romanos 12:2 es aplicable aquí: “No os conforméis a este siglo”. Cristo nos llama a seguirle a Él, no al mundo. ¿Qué concierto dio Él? ¡Ninguno!
    Y eso no es opinión de viejos como a algunos les gustaría clasificarlo. Hasta un creyente joven observó el problema con los conciertos, y escribió lo siguiente:

    "Desde luego que eso de hacer conciertos y recibir aplausos es totalmente ajeno a algo que glorifica a Dios. Eso es ensalzarse a sí mismo, jactarse uno de su propia voz y talento y éxito; hacer un show de uno mismo. Hasta el mundo sabe eso. No glorifica a Dios, y es puramente humano, carnal y egoísta. Un cristiano no debe hacer conciertos de música cristiana, ni buscar ni aceptar aplausos por ella. Si su intención es glorificar a Dios, buscará un método que no tenga el efecto opuesto, se supone. Dar un concierto es ponerse a uno mismo como el protagonista, y los aplausos son señal de aprobación y admiración, y gritar “Aleluya” o “Gloria a Dios” no es una frase mágica para protegerse contra gusanos (Hechos 12:23)".

- Carlos
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

"El que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso". 1 Jn. 5:10
Adan y Eva son el primer ejemplo de personas que creen en Dios pero no a Dios.
 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -  
El Uso Legítimo De La Ley


"Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente" 
1 Ti. 1:8
     Como toda herramienta, tiene su uso correcto por el cual fue diseñado. Así también la Ley. Considera lo que dijo C.H. Spurgeon al respecto:

"Rebaja la Ley, y disminuyes la luz por la cual el hombre percibe su culpa. Para un pecador, esto es una pérdida muy grande, antes de una ganancia; puesto que disminuye la probabilidad de su convicción y conversión... Digo que has privado al evangelio de su arma más potente cuando depones la Ley. Has alejado su ayo, su profesor que ha de llevar a los hombres a Cristo... Nunca aceptarán la gracia a menos que tiemblen delante de la justa y santa Ley. Por lo tanto la Ley cumple un propósito imprescindible y bendito, y no debe ser quitada de su lugar y función".

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

Dios Demanda Arrepentimiento


Es alarmante que haya seminarios y escuelas "bíblicas" de supuesto corte conservador pero que enseñan que el arrepentimiento era sólo para los judíos y no hay que predicarlo hoy. ¿Cuál ha sido el resultado de ese error? Probablemente nunca en la historia del cristianismo han estado tantos rebeldes religiosos en las iglesias. Falsamente profesan creer,  pero nunca se han arrepentido. Y como la cabra tira al monte, ésos no hacen otra cosa que traer problemas e intentar "legalizar" la mundanalidad en la iglesia.
    El testimonio de la Palabra de Dios está clarísimo. Sin arrepentimiento no hay conversión ni salvación:

El Rey David
Sal. 7:12  “Si no se arrepiente...”
 
Juan el bautista: 
Mt. 3:2  “Arrepentios...”

El Señor Jesucristo:  
Mr. 1:15  “Arrepentíos y creed en el evangelio”
 
Los 12 Apóstoles: 
Mr. 6:12  “predicaban que los hombres se arrepintiesen

El Apóstol Pedro:
Hch. 3:19 “Arrepentíos y convertíos”
2 P. 3:9  “...que todos procedan al arrepentimiento”

El Apóstol Pablo:
Hch. 17:30 “Dios...ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.
Hch. 20:21 “testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo”.
Hch. 26:20 “y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento”.

El arrepentimiento debe seguir la convicción del pecado, y ser acompañado de fe en el Señor Jesucristo como tu Señor y Salvador: Aquel que al morir en el Calvario tomó todo el juicio de Dios por tus pecados. Él murió por ti, resucitó y vive para siempre. Si arrepentido confías en Él, te perdonará y te salvará. “En ningún otro hay salvación” (Hch. 4:12).

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

 El Amor de Dios

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Jn. 4:10).

El amor verdadero es caracterizado por el sacrificio propio. En ningún lugar es esto más evidente que con el amor de Dios (Jn. 3:16). Es un amor sin causa, en el sentido de que no hay nada en los objetos amados que causara que Dios les amara. No somos amables por naturaleza, sino más bien aborrecibles (Tit. 3:3). Sin embargo,  Él nos amó porque Él es amor, y porque Él escogió amarnos.
    Este amor de Dios es incondicional. Con esto queremos decir que el amor divino no se basa en el amor del individuo a Él. No es un amor recíproco. Nuestro amor normalmente responde al amor que otro nos manifiesta. Pero en el caso del amor de Dios, Él nos ha amado pese a la ausencia de amor y amabilidad de nuestra parte. Su amor no se condiciona sobre el amor nuestro a Él.
    El amor de Dios es inmerecido. Ya que es incondicional, no hay nada que podamos hacer para merecerlo. Muchos quieren creer que si se enderezan, si limpian o arreglan sus vidas, entonces Dios les amará porque serán más atractivos. Ésta es una enseñanza errónea y muy típica en las religiones incluso en la cristiandad.
    Para apreciar el amor de Dios debemos lograr comprender más cuál es nuestra propia gran pecaminosidad. Qué lástima que muchas personas, y entre ellas muchos creyentes, tienen un concepto muy pobre de lo pecaminoso que es el ser humano no regenerado. Se fijan en los pecados obvios de los demás, y encuentran cosas que ellos afirman: “yo nunca haría esto”, o “yo no he hecho esto”. Y así no comienzan a ver lo pecaminoso que es su propio corazón. No es tanto lo que hemos hecho, sino lo que somos por naturaleza. Somos pecadores. El pecado mora en nosotros; somos torcidos, contaminados y perversos por naturaleza (véase Mr. 7:20-23). Así que, amados, el pecado no es sólo algo que hacemos, sino el estado natural de nuestro corazón,  nuestra forma de ser, nuestra naturaleza. No somos pecadores porque pecamos, antes al contrario, pecamos porque somos pecadores. Debemos meditar en esto, porque la diferencia entra las dos formas de pensar es muy grande. Con demasiada frecuencia  no comprendemos que la carne no es mejor hoy que el día cuando nos convertimos. No sólo necesitamos perdón de nuestros pecados cometidos, sino también necesitamos ser limpiados y cambiados por dentro. La salvación hace más que perdonar unos cuantos hechos malos, porque es la conversión de la persona. Dios nos perdona, nos limpia, y nos transforma, nos da una naturaleza nueva, de modo que somos nuevas criaturas en Cristo (2 Co. 5:17).
    Así que, aquellos que conocen su propia gran pecaminosidad son los que llegan a conocer y apreciar el amor de Dios (Lc. 15:21; Ro. 5:8). Los que sienten que no merecen el amor de Dios, llegan a conocerlo y ahora pueden apreciarlo (1 Jn. 4:16). “Conservaos en el amor de Dios” (Jud. 21).
Steve Hulshizer, de la revista "Milk & Honey" (Leche y Miel), febrero 2002
  - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -



- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

Atestados de Pecados 

El ser humano, sea adulto o niño, no es bueno ni en el fondo. En Romanos 1:29 Dios describe a la raza humana así: “estando atestados de toda injusticia...” "Atestado" significa lleno hasta no caber más. "Atestar" es hinchar, llenar una cosa apretando mucho el contenido hasta que no cabe más. Llenar hasta rebosar (Lucas 6:38). La humanidad está atestada de toda clase de pecado. Romanos 1:29-31 da un retrato detallado. Nadie se libra. Son pecados de:

1. La mente, los pensamientos, la actitud:
    avaricia          soberbios
    maldad           sin misericordia
    envidia           inventores de males
    necios            malignidades
    desleales        aborrecedores de Dios
    altivos            sin afecto natural
    implacables

2. La lengua, la boca, el hablar:
    contiendas     detractores
    engaños         injuriosos
    murmuradores

3. Los hechos:
    toda injusticia    homicidios
    fornicación        desobedientes a los padres
    perversidad
   
    ¿Te ves retratado en ese análisis divino? No son fallos, errores ni problemillas, sino PECADOS. La humanidad está tan llena, hinchada, que está a punto de reventar espiritualmente! Dios declara: 
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Romanos 3:12). Él nos ve y sabe toda nuestra maldad mejor que nosotros. Hay muchos que se creen buenos, pero es porque no se conocen a la luz de Dios. Sólo Dios es bueno, santo y justo, y Él está a punto de mandar ira por nuestros pecados. Romanos 1:32 da la sentencia divina: “los que practican tales cosas son dignos de muerte”.
    Así que, no digas que esperas recibir de Dios lo que te mereces, porque eso sería la muerte. Amigo, no eres bueno, sino fundamentalmente malo, y hay abundantes pruebas de eso en la Biblia. Estás condenado y no te puedes salvar. Pero la buena nueva es que Dios quiere y puede salvarte. Sólo Él puede rescatarte de una condición desesperadamente mala, y de tu “vana manera de vivir”. ¿Cómo? Él mandó a Su Hijo Jesucristo al mundo, para hacer un solo sacrificio por los pecados (Hebreos 10:12). Cristo llevó todos tus pecados, sufrió todo tu castigo, satisfizo la justicia divina, resucitó y ascendió vivo al cielo. Él puede salvarte ahora mismo, para siempre, si arrepentido confías en Él.
 

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 

La Música Hoy:  Síntoma de un Gran Problema en las Asambleas


En septiembre de 1994 la portada de una revista de las asambleas norteamericanas (“Interest”) destacó un cantante contemporáneo bien conocido en muchos círculos cristianos. La portada y los artículos presentados en la revista son indicativos del creciente interés en la música hoy en las congregaciones que profesan ser cristianas.
    En tiempo pasado, la portada hubiera destacado una foto de una asamblea nueva o quizás un obrero pionero que sacrificó mucho para predicar el evangelio de Cristo. El nombre de la revista: “Interest” – es abreviado de “Cartas de Interés de Obreros”. Pero eso se les ha olvidado. Hoy muchos cristianos saben más de artistas contemporáneos y su música que de la obra del Señor. Para muchos, esos artistas y celebridades son los nuevos gigantes de la fe.
    No toda música contemporánea es ofensiva ni inaceptable, pero mucho de ella es simplemente el mundo entrando en la iglesia bajo la etiqueta “cristiano”. El llamado “rock cristiano” y “rap cristiano” son ejemplos primarios de eso, pero hay mucha otra música que también cabe en la categoría de “mundana”. De hecho, casi todo tipo de música cristiana contemporánea es sospechosa debido a la gran ganancia económica de los que quieren llamarla un “ministerio”, cuando realmente es un negocio.
    La música tiene su lugar correcto y apropiado en la Iglesia y en la vida del creyente.  Eliminar toda música está lejos de la mente de Dios. Es importante cantar en la congregación himnos de alabanza y testimonio. Pero en algunas asambleas al comienzo de las reuniones la gente a penas canta, y el tiempo de cánticos es considerado como un periodo de gracia para los que llegan tarde. En la cena del Señor los himnos deben ser de alabanza y adoración, centrados en Cristo, y no de testimonio, invitación o consagración personal. Antes del estudido bíblico o la prédica del evangelio, los himnos bien seleccionados establecen el tono para el mensaje que viene a continuación. Pero en muchas congregaciones la pobre participación y mala forma de cantar simplemente indican falta de interés de parte del pueblo del Señor. Por otra parte, cantar bien glorifica al Señor y es un estímulo para cualquier predicador.
    También los cánticos son importantes en la vida personal del creyente. La música puede ser edificante y dar ánimo, cuando es producto de un corazón que rebosa de la bondad y gracia de Dios. Un santo sin música en su corazón es uno que falta en el gozo del Señor y Sus bendiciones (Ef. 5:18-20). Pero una cosa es cantar de corazón para el Señor, y otra es andar con auriculares puestos escuchando “los 40 principales canciones cristianos”, que simplemente imita lo que hacen los del mundo. La música no es para divertirnos.
    Esto nos conduce a ver un problema común con mucha música “cristiana” en nuestros tiempos. No ha sido compuesta para ser cantada por creyentes normales y corrientes, ni por una asamblea de creyentes. ¡La componen para ser interpretada por artistas profesionales! Está pensada como espectáculo, para diversión, para que uno con talento especial cante y los demás oigan y admiren. Muchas canciones no pueden ser cantadas por la congregación simplemente porque la música es demasiada difícil de seguir.
    Hoy muchos cristianos francamente no se dan cuenta del aspecto comercial de la “música cristiana”. Muchos jóvenes y jóvenes adultos, habiendo sido criado en ese ambiente de música contemporánea al estilo del mundo, lo consideran normal porque es lo que siempre han visto. Pero “común” y “bíblico” son cosas distintas. Miles de cristianos han viajado miles de kilómetros y pagado millones para asistir a “conciertos cristianos”. Pero muchas de esas personas no son capaces de llegar a las reuniones normales de la asamblea, ni de sentarse para escuchar un estudio bíblico que dure más de veinte minutos. ¡Se aburren!  Y gastan millones en CDs, más de lo que ofrendan para el progreso del evangelio, y tienen una colección enorme de música, pero a penas tienen un libro de edificación espiritual.
    Pese a esos grandes gastos disproporcionados, hay multitudes de bebés espirituales en las iglesias hoy. Andan con los auriculares puestos divirtiéndose con su musica, pero no crecen ni maduran porque es imposible hacer esto mediante la música. Tienen poco conocimiento de Dios, y su diesta espiritual, lenguaje, intereses, prioridades y diversiones son iguales o muy similares a los del mundo. Muchas cosas pueden contribuir a su falta de crecimiento, pero alguien bien ha dicho que somos lo que comemos. Cuando uno escucha constantemente la música que tan a menudo es escuchada hoy, con letra superficial, más romántica que bíblica, no es extraño que no crezca mucho. Su música favorita no solamente copia al mundo, sino que en algunos casos su mensaje es biblicamente incorrecto. Una dieta de esa música liviana dejará a la persona malnutrida e inmadura.
 
concierto de Marcos Vidal y Danilo Montero -- no apto para consumo de creyentes
Muchos artistas dirigen su llamado “ministerio de música” más como un negocio que otra cosa. ¿Cómo se sentirían los creyentes si los predicadores vendieran entradas y demandaran garantías de ingresos y “gastos por adelantado” antes de compremeterse a predicar? ¿Cómo sería si se pidiera cinco o diez mil dólares por “actuación” como hace un bien conocido grupo de cantantes “cristianos”? Son obvias las respuestas, sin embargo mucho evangélicos no acaban de ver cuánto comercio tienen montado los músicatraficantes. Se han metido en congregaciones como los cambistas y vendedores de aves y ovejas en el templo, a los que el Señor sacó dos veces a latigazos y con violencia y enojo.
    No hay que decir mucho acerca de la apariencia de muchos “artistas evangélicos”. Muchos de los que aparecieron en los “Christian Music Awards” – el programa de los premios de música cristiana –  parecían copias calcadas de las super-estrellas del mundo. ¡Es una escena penosa que nada tiene que ver con el cristianismo bíblico!
    Pero existe ahora un interés quizás más grande que él de la música. F. B. Meyer bien dijo acerca del declive espiritual: “una fase del declive espiritual es cuando intentan negar toda sugerencia de su existencia”. Así es también hoy con muchos respecto a la música cristiana. No ven el problema. A pesar de la preocupación expresada por hermanos maduros y veteranos, muchos defienden la misma música que contribuye a su inmadurez y superficialidad, y a menudo desprecian a los que les animan a guardar un régimen más espiritual (Pr. 9:8). Tristemente, andan adulando las virtudes de lo que les esclaviza, e insisten fuertemente que esa música es espiritualmente edificante. Pero su falta de crecimiento espiritual demuestra que lo contrario es la verdad (He. 5:14).
   
Se podría pasar mucho tiempo debatiendo la música como si fuera el problema principal hoy en la Iglesia. Pero la verdad es que ella sólo es síntoma de otro problema mayor – el de la iglesia de Laodicea – la cegüera espiritual. Una iglesia superficial y ciega profesa tenerlo todo, y no ve que necesita el consejo y discernimiento de la generación de sus ancianos. Muchos hoy piensan que la iglesia avanza y están ciegos respecto a su horrible condición. Su infatuación con la diversión musical y su falta de hacer caso a las señales de aviso indican su falta de salud espiritual.
    Una música mejor no curará a la Iglesia de esa enfermedad. La curará la confesión de su orgullo y mundanalidad, y un retorno a Dios y Su Palabra. Muy francamente, hasta que sucedan esas cosas, no tendrán éxito los intentos de persuadir a la iglesia laodiceana.

Steve Hulshizer, tradicido y adaptado del artículo en “Milk & Honey” (“Leche y Miel”) en noviembre de 1994.
 
 
 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 
“Sólo una vida, pronto pasará,
Sólo lo hecho para Cristo durará”.

C. T. Studd

  - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -


  “Para Dios, un anciano en una asamblea significa más                que el gobernante de una nación”.

“La iglesia local es más importante para Dios y Su pueblo 

que el imperio más grande del mundo”.
William MacDonald

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA
Capítulo 4

 Nuestra Obligación Y Responsabilidad

Los políticos son impotentes e incapaces de lograr victoria sobre el pecado. La historia nos enseña esto. Algunos hacen sus campañas publicitarias y programas de obras sociales, declarando una guerra contra la pobreza, o contra la droga, o contra el analfabetismo, pero no contra el pecado.
    Recordemos, el problema fundamental es el pecado, y está arraigado en el corazón humano. Todos los demás son síntomas del pecado, su fruto amargo. Generalmente los políticos conceden que no pueden eliminar el pecado, pero todavía insisten que los cristianos tienen una responsabilidad humana u obligación moral a involucrarse (enredarse) en el gobierno y la política como medio de restringir la maldad. En algunos países el gobierno requiere por ley que los ciudadanos voten, aunque en la mayor parte del mundo votar es opcional.
    Pero según los activistas, votar y apoyar a los candidatos no es opcional. Insisten que es obligación, y amenazan que si no te metes, prevalecerá el mal. Uno de sus dichos frecuentemente empleado es la cita de Edmund Burke: “Para que triunfe el mal basta que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Con eso quieren culparnos del triunfo del mal si no nos metemos en la política, si no intentamos reformar para bien el gobierno. Tiene un fallo muy gordo, y es que supone que los creyentes separados de la política no hacemos nada. ¡Incorrecto! Y otro gran fallo es que no podemos cambiar el mundo (véase apéndice 3 del libro). Irá de mal en peor, cada vez más degenerado, hasta que venga el Señor. Así que, hacemos lo que el Señor manda, y eso es, según Mateo 28:19-20, ocuparnos de predicar el evangelio y hacer discípulos. ¡El Titanic se hunde, y hay que salvar a cuantos podamos antes del triste final!
    ¿Qué proponen ellos? Asistir a un banquete donde cobran como mil dólares o más por persona para recaudar fondos. Repartir literatura para el partido. Contribuir tu tiempo trabajando en la campaña. Poner un letrero delante de tu casa, o en el parachoques de tu automóvil. Ir puerta a puerta y animar a la gente a votar. Presentarte tú como candidato, ¡pues podrías hacer mucho bien a mayor número de personas en el gobierno que en tu congregación! Dicen: “Necesitamos a buenos cristianos en el gobierno”. ¿Tenemos los cristianos tales obligaciones? ¿Qué dicen las Escrituras?
    La Biblia nos declara con palabras llanas que como cristianos tenemos la obligación de obedecer las leyes (Ro. 13:1; 1 P. 2:13), orar por los que están en autoridad (1 Ti. 2:1-2), respetar y honrarles (Ro. 13:7; 1 P. 2:17), y pagar nuestros impuestos (Ro. 13:7). Pero no hay ni un texto bíblico que diga que tenemos una “obligación moral” de meternos en la política o en el gobierno. No hay ni siquiera uno. Por encima de esas obligaciones al gobierno, el Señor nos llama a proclamar las buenas nuevas del evangelio. Pensemos un poco en nuestras obligaciones a orar y proclamar el evangelio.
    En primer lugar, es la responsabilidad, obligación y privilegio de todo creyente ORAR como el Señor nos enseña en 1 Timoteo 2:1-2 y otros pasajes. Esta tremenda responsabilidad es a menudo descuidado por muchos que profesan creer. Para vergüenza nuestra, la reunión de oración es la reunión menos asistida de la iglesia, y no hay buena excusa para eso. Muchos simplemente no tienen interés. Otros dicen que están cansados o no tienen tiempo, pero no usan esas excusas para no votar. Preguntamos a los activistas cristianos, ¿cuán regular, consistente y fervorosas son sus vidas de oración en privado? ¿Se dedican continuamente a la reunión de oración en su congregación? Si no, deberían tener vergüenza de hablar a los demás de responsabilidades y obligaciones. Pero los activistas describen la participación en la política o el gobierno como “poner pies a sus oraciones”, o “a Dios rogando y con el mazo dando” – dichos populares pero no  bíblicos. ¿Pero cuántos activistas asisten con regularidad a la reunión de oración? E. M. Bounds escribió un libro excelente titulado: El Arsenal de la Oración. Pero aun las armas más potentes no hacen nada si no las usamos.
    En lugar de poner pies a las oraciones, pongamos rodillas. ¿Qué si también ayunamos? Dios nos manda y anima a orar, pero no a votar. Piensa en esto: podríamos hacer más en cinco minutos de rodillas orando a Dios que en cinco minutos en una cabina de votación. Como bien dijo William MacDonald: “Cambiamos el equilibro del poder a través de la oración”. Así que, ¿por qué ofrecen los activistas transporte a las reuniones políticas y centros de votación, pero no a las reuniones de oración? Si miramos la oración en la vida personal de muchos, y su asistencia y participación en los cultos de oración, sabremos por qué los que profesan ser cristianos se van a la política. Francamente, porque creen que la política da resultado, y la oración no. ¿Qué clase de cristianismo es ése?
    Segundo, creemos firmemente que es nuestra responsabilidad humana y obligación moral ir a todo el mundo y predicar el evangelio a toda persona (Mr. 16:15). Como mencionamos antes, debemos seguir el ejemplo de los primeros cristianos, que según Hechos 8:4 “iban por todas partes anunciando el evangelio”. Si realmente creemos esto, también creemos que podemos hacer más yendo a las puertas para hablar de Cristo, o repartiendo literatura evangelística, que yendo a las puertas o distribuyendo literatura a favor de un partido o candidato. ¿Para cuál campaña debemos trabajar y dedicar recursos? ¡La del evangelio!
    Sentimos tristeza y vergüenza ajena al ver a los que han sido engatusados a gastar tiempo, dinero y fuerzas en la política. Trabajan incansablemente, hablan con devoción y fervor del partido, sus proyectos, los candidatos y los votos. Lo hacen de manera tan buena que no tienen a penas tiempo para testificar para Cristo como hacían los primeros cristianos. Se han dejado enredar. ¿Cómo puede un hombre pretender ser misionero, o anciano en una iglesia, cuando se enreda en la política y el gobierno? Debe escoger entre la obra del Señor, y la del mundo, y comprometerse exclusivamente de una vez. Es aun peor cuando su propia congregación está en dificultades y necesita ayuda, o cuando consideramos la tremenda cantidad de trabajo que queda por hacer, estableciendo y edificando asambleas del pueblo de Dios en todo el mundo. La Palabra de Dios manda claramente: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6:33), pero los que se entregan a la política no pueden ser obedientes, por mucho que digan que sí. “Ninguno puede servir a dos señores” (Lc. 16:13).

    No daré al mundo mi corazón
    Y luego profesar Tu amor;
    No gastaré en otros mis fuerzas,
    Y entonces dedicarme a Tu servicio.

    No iré con celo y rapidez
    A hacer los mandados del mundo,
    Y luego cansado subir hacia ti,
    Con pies cansados y paso lento.
Traducido del himno “Lord, In The Fullness of My Might”, por Thomas H. Gill (1869)

    Insisten que debemos participar en la política y el gobierno para combatir el humanismo. Podemos estar de acuerdo que ningún verdadero discípulo de Cristo puede favorecer cualquier forma ni credo del humanismo. Sin embargo, es un proceder favorito de los activistas alarmar a los cristianos con reportajes y estadísticas de cómo los humanistas están tomando control del gobierno y qué pasará cuando logren esto. Proponen entonces que todos debemos movilizarnos. Los mejores preparados deben presentarse para puestos en el gobierno, y todos como mínimo deben votar a los candidatos cristianos o pro cristianos. La idea es organizar un poderoso bloque de votadores. Con esa finalidad publican informes y guías para los votadores cristianos, dando el perfíl y la posición política de cada candidato. Esto, por supuesto, sólo sucede en paises donde hay libres elecciones y el llamado “proceso democrático”. Los Estados Unidos, desgraciadamente, nos provee de multiples ejemplos del activismo cristiano equivocado. ¡No deben ser imitados por otros países! Por ejemplo, se les dijo a los profesados cristianos en la década de los 80 que deberían votarle a Reagan, porque era buen cristiano, favorecía la oración en las escuelas públicas, y se oponía al aborto. Así que, tras no cuatro sino ocho años en la Casa Blanca, ¿cuál de esos dos asuntos fue resuelto a favor de los cristianos? ¡Ninguno! Además, nadie sabía hasta después que el presidente solía someter su agenda y la de la nación a la influencia oculta de la astrología, porque su esposa Nancy echaba cartas astrales para guiarle. Es sólo un ejemplo. Otro sería el infame presidente inmoral y mentiroso Bill Clinton. Antes de la elección dijeron que era un creyente bautizado y miembro de una iglesia bautista. Después de la elección comenzaron a salir los escándalos. Abundan ejemplos de ignorancia e incredulidad en el gobierno. En otros países preguntan: “¿Realmente creen los estadounidenses que todos sus presidentes, senadores y estrellas de deporte son cristianos? ¿Son tan ingenuos y fáciles de manipular?”
    Frecuentemente se escucha publicidad para atraer el voto de la “comunidad cristiana” o “bloque evangélico” (¡quién sabe qué son esos!). Dicen que tal candidato es “un cristiano”. Algunos activistas sí parecen creer que todos los candidatos de su partido son cristianos. ¿Qué harán cuando un musulman, mormón, ateo o creyente en la nueva era representa su partido? Países como Australia, Alemania e Italia tienen partidos llamados: “Cristiano Demócrata”. Pero me desvío del tema.
    El problema principal no es las sorpresas que dan los oficiales elegidos. Es algo peor: la idea básica de luchar contra el humanismo en el gobierno empleando lo que equivale al humanismo cristiano – es decir – presentando otros hombres como la solución. El ser humano tiene ideas, esperanzas y promesas, pero ¿tiene respuestas? La historia humana da una respuesta.
    Pero siguen tocando el tambor de la responsabilidad humana, usando un argumento de reducción al absurdo. “¿Qué debemos hacer entonces, quedarnos sentados en la congregación y dejar que el mundo vaya de mal en peor?” Insisten que no podemos tomar una postura tan pasiva e ingenua frente a los problemas. Dicen que nuestra responsabilidad es votar, hacer campaña para ciertos candidatos, y aun presentarnos como candidatos, para que haya cristianos en el gobierno. Gritan: “responsabilidad humana”, y “obligación moral” con el propósito de presionarnos y movernos a participar en el proceso político. A ojos de ellos, si no lo hacemos somos ciudadanos irresponsables. Nos acusan de tomar posiciones extremistas porque nos separamos del sistema de este mundo y dedicamos nuestros esfuerzos a la propagación del evangelio.
    Dicen que padecemos de corta vista y desequilibro, que somos demasiado espirituales. En estos días de “equilibro” y lo “políticamente correcto”, llamarle a alguien extremista o desequilibrado es como si le dijeras: “hereje” o le colgaras el sambenito. Pero al leer el Nuevo Testamento, encontramos que los cristianos primitivos, en los días de los apóstoles, no se metían en partidos y gobiernos, no sólo porque no podían sino porque sus amores y prioridades eran otros. Repetimos: “...iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hch. 8:4).   
    Otro argumento de activistas es: “Si no votas, entonces luego no te quejes del gobierno”. Es otro cliché de la ciencia política, usado para meternos vergüenza y motivarnos a enredarnos. Pero respondemos que no nos quejaremos, porque es pecado quejarse, murmurar y maldecir al príncipe (Éx. 22:28). ¡Ni los que votan tienen derecho a hablar así! Oraremos y clamaremos al Señor. Haremos conocidas nuestras peticiones y quejas delante de Él. Nuestro lugar es el salón de oración, no la cabina de votación, la reunión de oración, no el mitín político. ¿Y no es curioso que los que tanto se animan en las campañas y la votación son los que más vocalizan sus quejas? Piénsalo.
    Otra táctica es el uso de ese refrán que mencionamos antes, de Edmund Burke, escritor, filósofo y político, considerado el padre del liberalismo-conservadurismo británico: “Para que triunfe el mal basta con que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Este dicho deja a algunos buscando una respuesta adecuada, pero no el hermano William MacDonald, que escribió lo siguiente:

    "Los que dicen “sí” a la política invariablemente citan el aforismo familiar: “Para que triunfe el mal basta con que los hombres de buena voluntad no hagan nada”. Si eso no les gana el argumento, entonces citan a José, Moisés y Daniel como ejemplos de creyentes que estaban metidos en el sistema político".
    "Aunque suena convencedor el maxim, debemos recordar que es un dicho de sabiduría humana, no revelación divina. No debemos otorgarlo la autoridad de las Escrituras. Y respecto a José y Daniel, nunca se presentaron como candidatos para una elección, sino sirvieron, como cautivos, como empleados del gobierno. Moisés fue más un tábano al gobierno que parte de él".

"La Respuesta Bíblica
    Si vamos a la Palabra buscando respuesta, ¿qué hallamos? El Señor Jesús no se involucró en la política. Realmente se encontró en relación adversa al sistema. Sus discípulos tampoco se metieron en la política. ¿Perdieron lo mejor que Dios tenía para ellos porque concentraron en el evangelio? El apóstol Pablo no participó en la política. Su fidelidad a su llamamiento y su mensaje le puso en contra de la sociedad farisaíca".
    "Jesucristo enseñó que Su reino no es de este mundo (Jn. 18:36). Dijo a sus hermanos incrédulos: “No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7). El apóstol Juan nos recuerda que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Y la política es parte del sistema del mundo".
    "Tenemos que separarnos del mundo para influirlo (2 Co. 6:17). Arquimedes dijo que podría mover el mundo si consiguiera un fulcro fuera del mundo. Debemos colocarnos fuera del sistema del mundo si queremos moverlo para Dios".
    "Pablo insistió que “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Ti. 2:4). Todo creyente está o debe estar en servicio activo. No debe dejarse distraer ni enredar por las cosas de la vida".
    "La política es corrupta. Es un sistema de concesiones y transigencias. Se toman decisiones en base a lo que es expediente, en lugar de lo que es correcto. Se basa en principios humanos, no divinos, y funciona por ellos. El finado senador Vandenburg de Michigan (EE.UU.) dijo: “La política es por naturaleza corrupta. La iglesia no debe olvidar su verdadera misión ni intentar participar en la arena de asuntos humanos donde será un competidor pobre...perderá su pureza de propósito si participa”.
    "Creemos de todo corazón que debemos ser cristianos responsables, y que ser irresponsable sería un pecado. Pero recuerda, la Biblia define esa responsabilidad, no los profesores universitarios, los filósofos, los de ciencia política ni la publicidad de una campaña. “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso” (Ro. 3:4)".

Del libro El Cristiano Y La Política, por Carlos Tomás Knott
para obtener un ejemplar del libro en español o inglés: www.editorial-berea.com